No os quedéis en la cima de la montaña de la soledad.
Empujando el agua fangosa cerca del viejo embarcadero.
El espíritu de compasión, lo más elevado, penetra los tres mundos.
Debéis estar satisfechos de ser barqueros en el mar de los sufrimientos.

 

Es un kusen con forma de poema que Daichi dirige a sus discípulos y también es una enseñanza eterna del budismo. Cuando un estudiante se vuelve demasiado individualista, o demasiado espiritualista, o demasiado nihilista, pierde el camino. Cuidado, es muy fácil perderlo.

La religión no es para uno mismo, muy al contrario: hay que abandonarse a uno mismo. Es egoísta decirse: tengo que ser perfecta, necesito tener una fuerte personalidad y sobrepasar a los demás. También la actitud de los que hacen zazen y quieren quedarse en soledad es peligrosa, el punto primordial del Mahayana es practicar juntos y armonizarse con la sangha. Nunca se ha dicho que una sangha sea una reunión de seres perfectos. Hay de todo, pero practicando zazen un día tras otro uno puede evolucionar. Las demás personas también nos ayudan a comprendernos. Es difícil, pero … continuar, continuar, continuar siempre.

El barquero que empuja el agua fangosa con su bastón para hacer avanzar la barca. Por aquí hay mucha gente que pasa; algunos, pocos, se quedan; otros no encuentran su interés en la práctica, y dicen: volveré, volveré volveré…. continuando en un engaño.

Pero aunque una persona haga solamente un zazen, con ese zazen puede empezar la verdadera revolución interior en una vida. Algunos practican un año y luego cambian de pareja, cambian de trabajo, se ponen a estudiar. Revolucionan su vida, pero no es la revolución interior. La revolución interior pide que se abandone su vida ordinaria, su vida condicionada por el karma.
Cuando hacemos zazen podemos estar más allá de los tres mundos, no depender de nuestro vagabundeo. Podemos encontrar nuestra raíz, encontrar nuestra identidad verdadera, dejar al lado el personaje que hemos construido a lo largo de los años. Zazen abandona el personaje.

Es difícil ayudar con zazen, no es fácil transmitir el espíritu de la Vía, Doshin. Es bastante más fácil guardar todo esto para uno mismo y hablar de generalidades. Estos últimos dos poemas van juntos, sobre abandonar los artificios, de los que estamos llenos. ¿Y cómo transmitir zazen? Me acuerdo que, en los principios del dojo de Madrid la gente me decía: ¿Cómo es posible transmitir algo mushotoku, algo que no tiene meta, que no tiene espíritu de provecho? ¿Como podemos decir que zazen es bueno si no nos da provecho?

Porque los méritos de la práctica de la Vía no son los del mundo ordinario. En el mundo ordinario queremos dinero, confort, seguridad, herederos, herencias. En el mundo de zazen lo que queremos es llegar a desnudarnos, simbólicamente… Abandonar nuestras maletas llenas en la puerta del templo y caminar libremente por la Vía.

El maestro Daichi dice: Debemos estar satisfechos de transmitir zazen, la Vía, a los demás, sin esperar nada. ¡Qué gran monje y qué gran maestro! Sin esperar ningún reconocimiento, sin dejar ninguna huella de su paso.