Como la transmisión venida del oeste está clara.

Alta es la montaña Sohitsu y profunda la nieve caída.

Después que el maestro y el monje salieron del lugar donde el brazo fue cortado,

Los rayos del maravilloso creciente de luna ¿sobre qué casa caen?

 

Muchos poemas del maestro Daichi son expresados con forma de koan, como sucede con los poemas 81 a 125. El título de este poema, Sotei, evoca al nombre de la Vía: Dogo. Do es la Vía, go es nombre. En el momento de la primera ordenación en que uno recibe los preceptos de vida también recibe un nombre de ordenación zen. Después los monjes reciben un segundo nombre, el Dogo. El Dogo es un nombre de respeto, muy importante, una marca de respeto del maestro hacia el discípulo. Normalmente no se utiliza en vida, sino de forma póstuma o en el caso de un monje que recibe la transmisión del Dharma. Por ejemplo en mi caso se me puede llamar con mis dos nombres, mi Dogo Seykyu, además de Kosen.

En sus comentarios el maestro Deshimaru enumera los títulos de los poemas que vienen a continuación:

Ketsudo, el palacio de la luna

Tai ko, el vasto cielo

Unsan. nubes y montañas

Kogetsu, la luna del río

Shingetsu, la luna del espíritu

Muzen, el no zen

Mokusan, la montaña silenciosa (como el nombre del dojo de Madrid)

Sho gyo la roca del pino

Hohsan el tesoro de la montaña.

Todos ellos pueden ser Dogo de ordenación de monje o monja.

 

Este poema, Sotei, evoca la transmisión entre Bodhidharma y Eka. Bodhidharma fue el 28 patriarca indio. De origen era un príncipe del sur de la India que recibió de Hannyatara, vigesimoséptimo patriarca indio, la transmisión del Dharma y después hizo un viaje a China que le llevó tres años. Cuando llegó a China, pronto se dio cuenta que el momento de transmitir el Dharma aún no había llegado. Aunque el budismo ya existía en China desde siglos atrás, se trataba de un budismo clericalista, de ceremonias, de estudio, traducción y discusión de los sutras. Bodhidharma lo que enseñaba era cómo aclarar el propio espíritu desde el interior, zazen.

En los libros del templo de Shaolin se escribió una anotación que dice que, en el s. VII llegó un brahman de la India y se quedó. Era Bodhidharma, que se instaló en una cueva de por allí y durante siete años solamente hizo zazen frente a la pared.

Un día apareció un monje, Eka, con una determinación muy fuerte. Bodhidharma no se inmutó, aburrido imagino porque no era el primer curioso que le visitaba. Entonces tuvieron un mondo y al final, para mostrar su determinación, Eka se cortó el brazo, abandonó.

No sabemos si es verdad o si es un mito, o un símbolo. Eka estaba esperando una respuesta, una mirada de Bodhidharma y éste permanecía en zazen, sin moverse. Era invierno, la nieve caía y caía en el monte Suzan donde todavía está ubicado Shaolín. Al final, de pie en la nieve, se cortó el brazo.

Después viene la imagen del poema, cuando Bodhidharma acepta a Eka como discípulo y ambos traviesan el jardín del templo.

 

Después que el maestro y el monje salieron del lugar donde el brazo fue cortado, las siluetas desaparecen, no hay nadie, solo la nieve y la luna que tiende su luz sobre el paisaje. Todo está tranquilo, pacífico, luminoso.

Luego el último verso es un poco la nostalgia de Daichi por cómo va a continuar la transmisión del Dharma, sobre qué casa ha caído la luz.

La luz de la luna aclaraba el jardín, sin embargo, no había nada, las dos siluetas del maestro y el discípulo habían desaparecido, desaparecido en ku.

Sotei, el jardín de la transmisión. El lugar se ha vuelto el primer dojo, el dojo original de la práctica de zazen, de la transmisión del Dharma. A partir de este encuentro con Eka, Bodhidharma empezó a enseñar. Ya era mayor y un día desapareció.

Desde la habitación del maestro Daichi hemos oído la transmisión exacta del zen tal como fue transmitida de Bodhidharma a Eka. Zazen más allá del cuerpo y de la mente, ilimitado. Zazen libre, como el pájaro en el cielo. Mushotoku, sin mérito, porque zazen mismo es Despertar, sin querer llegar a ser, finalmente sin esfuerzo, natural, automático. Un vacío insondable, ku, nada sagrado, ningún concepto, más allá del pensar o el no pensar, hishiryo, sin personaje, sin ego, abandonando el condicionamiento kármico, renovándose poco a poco, nueva inocencia. Una mente en paz, sin forma, como el agua, que no se puede atrapar.