LOS POEMAS DE DAICHI: 20. Mujo seppo no wa – La enseñanza del Dharma por los objetos no sensibles (2)

 

Una persona se inclina sobre la barandilla del templo, la luna brilla en los cielos.

Cuando la luna desapareció tras la montaña, se fue a la cama y se durmió.

A media noche su almohada cayó golpeando el suelo.

Inconscientemente rompió la cerámica del mismo.

 

El maestro Deshimaru dice en sus comentarios que este es un poema chino porque en Japón se duerme en el suelo, sobre un futón, y entonces la almohada no puede caerse. En China se acostumbraba a tener almohadas de madera muy dura o de cerámica; también en Tailandia las almohadas son rectangulares, duras, de tela, es otra costumbre.

Todo el mundo duerme en paz a media noche, la luna ha desaparecido detrás de la montaña, todo está tranquilo. Pero súbitamente, la almohada rompe la cerámica del suelo. Los objetos no sensibles enseñan el Dharma a medianoche. Aquí lo interesante es el recorrido de esta persona del poema. Duerme, está en la inconsciencia y algo le despierta.

 

Mujo seppo no wa, la enseñanza del Dharma de los objetos no sensibles. La dificultad es que sólo ellos la oyen. No es una elaboración de nuestra conciencia personal. A veces es difícil, queremos saber más, atrapar más. Aquí hubo durante un tiempo alguien que sabía mucho de pájaros, así que después del zazen había un intercambio sobre los nombres de los pájaros: Este es así, Ah! ¿Cómo se llama ese otro que canta así?… Era un zazen «atrápame los pájaros.» Se quedaba en una conciencia científica, pero ese no es el objeto de zazen. Hishiryo, más allá del pensar, más allá de considerar… finalmente el pensamiento verdadero aparece.

El practicante del Zen ha estado siempre muy cercano a la naturaleza por la cuestión de Mujo seppo no wa, la simplicidad de la naturaleza. Igual que los objetos que utilizamos todos los días: son muy simples, su función está en su forma. Ahora que nos encontramos en el amanecer de la microinformática, la función es sencilla, pero la forma mucho más elaborada. Mi móvil todavía no me ha enseñado el Dharma, ni tampoco mi ordenador. Teléfonos, ordenadores, tablets son una prolongación de la mente humana, así que hablan mucho, igual que ella.

Mujo seppo no wa también es el estado objetivo de zazen, el silencio interior. A veces el silencio enseña el Dharma. El silencio es también un objeto no sensible.

Y a veces un grito enseña el Dharma: es la tradición del ¡¡Kwatz!! de la enseñanza Rinzai para cortar las coagulaciones de los discípulos. El maestro Dogen alcanzó el satori en zazen, al oír el canto del gallo por la mañana. Dijo: Nariz vertical, ojos horizontales, la condición normal.

Porque Mujo seppo no wa es la condición normal; lo que no es normal es nuestra falta de atención, la no comunicación con el mundo de alrededor, el mundo de los objetos no sensibles. Mi maestro decía: Cuando una botella está llena, no puede llenarse más. Con nuestra mente es idéntico: cuando está llena de palabras, pensamientos, objetivos… no puede llenarse con el agua de la sabiduría.

 

Mujo seppo no wa no es un misticismo, tampoco se trata de algo de la imaginación, sino de encontrar su verdadera posición en el mundo de nuestra existencia. El mundo lo estimamos tal como es; el cambio viene del interior, de la emancipación del ego.

En el dojo de París mi maestro me aburría soberanamente con las nociones de conciencia objetiva y subjetiva. Siempre volvía sobre ese asunto. Después todo eso fue publicado en el libro La práctica de la concentración. Me fastidiaba… objetivo, subjetivo… pero finalmente volvemos a ese punto. Antes de comer lo hablábamos con D: es algo que uno únicamente puede percibir, creo, a través de zazen. Alejarnos del yo condicionado y sólo estar sentados. Cuerpo y mente, uno. Los pensamientos se paran, somos un vientre que inspira y expira. Si en ese momento no soy yo, mi posición es la de un objeto del mundo. Este objeto toma conciencia en el mundo de los demás objetos. Pero cuando ese estado se realiza completamente, me doy cuenta. Es decir que zazen no es ser como una planta verde, sino que abandonas… y en un momento realizas. Es de nuevo la conciencia objetiva pero que renace como sujeto a partir de la unidad en ku y no a partir del yo. D se quedó sorprendido porque hablé del silencio como un objeto, un objeto no sensible, una presencia no tangible, pero presente. No solamente alrededor de mí, sino también en mí. Es muy difícil develar una observación objetiva porque siempre los pensamientos tienen el poder. Solamente podemos obtenerla en la experiencia, más allá de las palabras, más allá de los pensamientos.

En el Hannya Shingyo repetimos que las seis consciencias son ku, sin sustancia. La experiencia del Zen no es amontonar muchas enseñanzas, sino la experiencia directa de la enseñanza. Los conceptos son comprensibles, pero ¿cómo realizarlos en la práctica?, ¿cómo hacer esta enseñanza real? De esto es de lo que se trata, de poner en práctica lo que entendemos, no atrapar un conocimiento intelectual. Creo que era el maestro Nangaku quien decía: Explico lo que no puedo practicar, practico lo que no puedo explicar.