LOS POEMAS DE DAICHI: 38. Permaneciendo en el Dojo de Shinketsu en el monte Ryushu

 

Desde que el fénix se quedó y el dragón construyó aquí su nido doscientos años han pasado.
En la caleta vacía la luna extiende una luz fría.
El hijo de la cabeza blanca sigue al padre de cabeza negra.
El poema Shinpu, de una música, prolonga la cuerda cortada.

 

De nuevo se trata de Shinketsu, el autor el Shin Jin Meinenko y hermano mayor de Wanshi (que escribió el Zazenshin). Los dos eran discípulos de Tanka Shijun.

Doscientos años después de la muerte de Shinketsu, el maestro Daichi inició, a la edad de 23 años, un viaje a China. La distribución del tiempo de una vida en aquella época era muy distinta a la de ahora. Los monjes entraban en el monasterio muy jóvenes, a los 7 u 8 años, y se les encomendaban pequeñas tareas como cuidar del agua, hacer el té o atender el fuego, y también estudiaban, tenían la educación budista de los sutras. Después con 14, 15 ó 16 años recibían los preceptos y la ordenación de monje. A partir de entonces se quedaban en su templo para continuar sus responsabilidades o bien hacían carrera en un templo importante como Eihei-ji o Soji-ji, o se iban por los caminos polvorientos del mundo a la búsqueda de un maestro.

A la edad de 23 años entonces era muy común viajar. Los más aventureros iban a China o aún más lejos, a la India. China era el continente más cercano, pero había que esperar a que los vientos fueran favorables para cruzar por el estrecho. Con frecuencia el viento soplaba contrario a la dirección del viaje, que es lo que le ocurrió a Daichi al regresar del suyo.

Desde que el fénix se quedó y el dragón construyó aquí su nido doscientos años han pasado. Los fénix y los dragones simbolizan los grandes discípulos. Daichi nos dice que este santuario/templo de Shinketsu albergó a grandes discípulos que lo hicieron su nido de práctica.

El hijo de la cabeza blanca sigue al padre de la cabeza negra. Es una historia interesante que tuvo lugar en la sangha del maestro Baso, Matsuo en chino. Un día un monje preguntó al maestro:
–Más allá de la afirmación y de la negación, se lo ruego maestro, enséñeme el sentido de la venida del Oeste del Zen de Bodhidharma.
Baso contesto:
–Estoy resfriado, no puedo hablar, pregúntaselo a mi discípulo Chizo.
Cuando el monje fue a verle, Chizo, contestó:
–¡Ay! Tengo dolor de cabeza, ve a hacer tu pregunta a Hyakujo.
Hyakujo era otro gran discípulo de Baso. El monje fue a preguntarle, y él le respondió:
–No sé, me da igual.
El monje volvió a ver a Baso y le contó las respuestas. Baso le dijo:
–La cabeza de Chizo está blanca y la de Hyakujo negra ¿entiendes?
El monje no entendió (es un koan).

Chizo, más joven que Hyakujo, estaba siempre concentrado en los Sutras. Hyakujo, por el contrario, tenía una mente muy práctica; zazen, samu… Chizo era muy inteligente y su pelo era blanco. Hyakujo era mayor, más fuerte físicamente, más corporal y más práctico. Así que el hijo que tiene la cabeza blanca es más inteligente que su padre de la cabeza negra, pero debe seguir a su padre, que es fuerte y tiene el espíritu de la Vía (bodaishin). Así es el Zen: incluso si somos inteligentes hay que seguir el Gyoji de la práctica.

La montaña verde es el padre de la nube blanca, dice Tozan. Aunque la nube rodea a la montaña todo el día, montaña y nube no tienen conciencia, es el orden natural.

Al pino le gusta el viento y el viento resuena de una forma agradable en la pineda; el zen Soto tiene el sabor del viento entre los pinos. La aguja de pino del rakusu simboliza este pino siempre verde. Wanshi, el hermano de Shinketsu, compuso también un lindo poema sobre el sabor del zen Soto:

Kansho, el viejo pino,
En todo el día ningún viento melódico en el bosque frío de los pinos.
La vieja garza cambia de morada,
En el árbol su nido alumbrado por la luna se queda vacío.

Es la conciencia Hishiryo en zazen. No es necesario decirse: “Tengo que convertirme en esto o en aquello”. La montaña y las nubes viven en interdependencia. Las nubes en torno a la montaña hacen que las vertientes estén húmedas, verdes, y la montaña como obstáculo atrae la formación de nubes. Sin embargo, aunque viven en interdependencia, la montaña no tiene conciencia de las nubes ni las nubes tienen conciencia de la montaña. En un dojo, en una sangha, aunque seamos muy distintos unos de otros –cada uno tiene su propio personaje– sin embargo las diferencias no impiden vivir en una buena interdependencia, como la montaña y las nubes. Es importante.

El poema shinpu, de una música, prolonga la cuerda rota. De nuevo Daichi habla de la cuerda rota. Repararla para que podamos escuchar la música de la transmisión autentica del Zen. Hay que ser muy cuidadosos.