LOS POEMAS DE DAICHI: 14. Oshin fushaku – Las sandalias de Rakan

Cuando cada consciencia, aunque cambie, continúa, hendu se realiza inconscientemente

Si seguimos el orden cósmico podemos ir libremente al Este o al Oeste

Las seis raíces hacen frente al objeto todo el día

Debemos comprender que numerosas flores deben amontonarse en los vestidos de oro.

 

Es un poema difícil, en relación con la consciencia.

Oshin fushaku. Oshin significa el hombre de la Vía, el bodhisattva en el mundo social. Fushaku significa no prestar, pero aquí tiene el sentido de zori, el nombre japonés de las sandalias de paja. Éstas son uno de los símbolos de los monjes zen, representan su camino por la Vía. Por tanto no se prestan, porque cada uno tiene su propia relación con la práctica. Igual que nuestra conciencia: no puede ser comprendida por los demás.

Hendu es el efecto en los fenómenos. Cuando la consciencia, aunque está cambiando, continúa… Un ejemplo: por lo general los monjes tienen una responsabilidad en el templo: la cocina, la limpieza, las obras, el servicio; repiten el mismo entrenamiento frente a la repetición de los fenómenos en el templo. Como hoy hay menos gente, el shusso ha cambiado de sitio; entonces, si el fenómeno físico ha cambiado (su lugar es otro), el responsable del servicio debe adaptar su entrenamiento condicionado por la repetición y servirle cuando le toque el turno y no según su plaza. La consciencia de la práctica debe estar atenta y crear el nuevo orden; despertarse a los fenómenos, cuyo principio esencial es cambiar de instante en instante.

Así, si tenemos una esperanza o una idea grande, si continuamos alerta de una consciencia a otra, esa idea se realiza a través de los efectos en los fenómenos. Cuando cada consciencia cambia y continúa, sus efectos en el mundo de los fenómenos acompañan.

Aquí entonces el poema trata de la práctica de zazen, el efecto de una consciencia única se realiza en los fenómenos de nuestra vida. Y Daichi continúa: Si seguimos el orden cósmico podemos ir libremente al Este o al Oeste. Seguir el orden cósmico es practicar zazen, momento en que cuerpo y mente se armonizan con el cosmos.

Siempre queremos que las cosas vayan bien para uno mismo. Que las cosas vayan bien es el efecto. Pero aquí el objetivo es zazen que tiene el mismo efecto de armonizarnos totalmente, naturalmente, automáticamente con el orden cósmico. Finalmente las cosas se desarrollan de forma que nos van bien, si no somos demasiado golosos. La vida zen es así; entonces no hay que estar inquietos por el lado material.

  

Las seis raíces hacen frente al objeto todo el día. Las seis raíces son los seis órganos de los sentidos: Gen, ni, bi, ze, shin, i ojos, oídos, nariz, boca, cuerpo, consciencia. Estas seis raíces de los seis sentidos tocan seis objetos y se producen las seis consciencias correspondientes: la vista, el oído, el olfato, el gusto, el tacto y el pensamiento. A lo largo de todo el día estas seis raíces están en actividad, hay como un interminable juego de ping-pong entre el mundo exterior y las seis consciencias de una persona, muchos movimientos. De estos bombardeos de impresiones conscientes si protegemos con un solo espíritu nuestro objetivo, nuestro deseo profundo, seguramente lo podremos realizar inconscientemente.

Incluso en zazen los sonidos nos llegan. El sonido de la lluvia, del fuego, los perros que ladran… Los ojos no se fijan en nada, pero son conscientes del cambio de luz. Incluso dice el maestro Deshimaruen zazen miramos el culo gordo de la señora delante de nosotros. Es una expresión que él utilizaba a menudo. Sentimos el olor del incienso, pero también del ajo del vecino que no se ha lavado. Un avión que pasa entre las nubes. Este mundo está siempre en movimiento, no podemos pararlo. Durante zazen existe esta relación entre el movimiento e inconstancia del mundo y la inmovilidad de zazen.

En zazen no es necesario pensar; durante zazen los problemas del mundo social se acaban y surgen de nuevo bajo la forma de pensamientos subconscientes. En la vida los fenómenos aparecen, tenemos un karma que se manifiesta. (Ahora bien) con zazen las cosas pasan de forma distinta. No podemos actuar nuestro karma pero podemos observarlo a través de nuestro cuerpo inmóvil, de nuestra consciencia inmóvil. Como un reflejo en un espejo. Estando uno frente a uno mismo no hay más mentiras. Frente a mí mismo, en verdad, no soy tan bueno. Verdaderamente, frente a mí mismo, no soy tan malo. ¿Quién soy? ¿Cuál es mi verdadero rostro? Y finalmente todo eso que podemos descubrir es vacuidad, ku, sin substancia, impermanente, impersonal.

Pensar sin pensar. Queremos cortar los pensamientos y sin embargo, oh! vuelven, vuelven y vuelven –el ser humano tiene una naturaleza muy obsesiva. Respiración, intimidad con el cuerpo, la mente se apacigua. Pensar desde lo más recóndito del no pensamiento, pensar sin pensar, Hishiryo, más allá de los pensamientos. Al final hay que dejar de buscar una meta. Fushiryo, no pensamiento, el no pensamiento que hay entre dos pensamientos, y Mushotoku…, la meta se realiza por sí misma. Siguiendo el orden cósmico, podemos ir libremente a todas partes, al Este o al Oeste.

El conocimiento de uno mismo no es el conocimiento del mundo condicionado; es el abandono de este mundo, de nuestra condición de existencia que a veces nos hace sufrir, a veces nos hace reír. En zazen ni amor, ni odio, ni lágrima, ni sonrisa: ¡Ku!. Según mi razonamiento, ku, la vacuidad, es solo vacuidad. Shiki, los fenómenos, los asuntos de la vida, son solo los fenómenos. Pero durante zazen, desde el punto de vista de la consciencia Hishiryoku también es shiki; ku soku ze shiki; shiki también es ku; shiki soku ze ku. El pensamiento también es el no-pensamiento. El no-pensamiento también es el pensamiento.

Las sandalias del hombre de la Vía son las que caminan por ella, practicando en el mundo de los fenómenos, yendo más allá de los pensamientos, abandonando las categorías.

Numerosas flores deben amontonarse sobre los vestidos de oro. Hay varias formas de comprender este verso, pero de cualquier manera el vestido de oro es el kesa, el kesa dorado de Buda. Como el kesa que llevamos, solo que en nuestra escuela es negro. El negro es lo mejor para zazen, es lo infinito de zazen, lo infinito de nuestra consciencia.

Numerosas flores son los fenómenos, pero estos fenómenos son flores lindas. Los fenómenos de la vida no son algo que hay que rechazar, sino que (lo que podemos hacer es) crear una vida buena. Cada uno tiene que crear una bella consciencia. Si queremos atrapar los fenómenos, es la avidez lo que actúa. Si los queremos rechazar, es el miedo o la cólera. Entonces muy justamente mi maestro decía: Practicad zazen inconscientemente, naturalmente, automáticamente. De esta forma nos sostiene el poder cósmico fundamental.