LOS POEMAS DE DAICHI: 15. Soku shin soku butsu – La mente misma es buda

Con la huella de un bastón podemos conocer el dolor y el picor. 

No necesitamos considerar que la mente misma es buda. 

Es como la espada preciosa cubierta de polvo, 

Su luz misteriosa se proyecta cada noche hacia las estrellas de la Osa Mayor. 

 

El propio poema es un koan. El significado original de la palabra koan era ley pública. En el imperio chino los emisarios del emperador circulaban por el territorio del Reino del Centro llevando las leyes escritas en las tabletas koan. Cuando llegaban a un lugar poblado exponían la ley.

En el caso del koan zen la ley es el Dharma, Ley universal que vale para todos, que todos pueden oír y utilizar como ley individual para el propio comportamiento. Soku shin soku butsu, La mente misma es buda se convirtió en un koan por la experiencia directa del monje Daibai Hojo, discípulo del Maestro Baso, un gran maestro Zen. Esta experiencia del Despertar se ha transmitido como otras a través de comentarios, la mayoría de maestros del Zen Rinzai.

Hay distintos libros de koan, como el Shoyo Roku, Libro de la serenidad, el Pi Yen Lu, Libro del acantilado verde o azul, o el Mumonkan, La barrera sin puerta del maestro Unmon de donde proviene este koan.

Pero en el Zen Soto que practicamos nosotros la relación con el koan es totalmente distinta que en el Zen Rinzai. En el Zen Rinzai el koan se da al discípulo y éste debe estudiarlo, incluso durante zazen, para  intentar ir más allá de su mente, de sus categorías, abandonarlas.

Sin embargo en el Zen Soto el koan se utiliza en la enseñanza más bien como ejemplo de una experiencia directa y de una transmisión, más allá de las palabras, entre un maestro y un discípulo. A lo largo de nuestra practica personal a veces podemos tener un koan sin resolver: «Esto no lo entiendo…no lo entiendo». Se trata en el Zen Soto de dejar el entendimiento aparecer por sí mismo: un día todo está claro.

 

Soku shin soku butsu es una enseñanza del maestro Baso, que vivió 80 años en el siglo IX. Era discípulo de Nangaku, el discípulo de Eno. Fuerte como una roca, sus ojos eran los de un tigre y su forma de andar la de un toro. Hacía muchos sampai y su frente estaba llena de golpes, un poco como las piedras de una montaña. No hacía zazen sobre tatamis, sino sobre las piedras. Seigen, Sekito, Yakusan eran maestros del linaje Soto nacido con el Sexto Patriarca Daikan Eno.

Baso enseñaba Soku shin soku butsu, la mente misma es buda. Buda existe en nuestra mente, buda es la mente.

Un dia un monje le preguntó:

–¿Por qué dice usted siempre Soku shin soku butsu?

Baso contesto:

–Es un medio para hacer que los niños no lloren.

–Si los niños no dejan de llorar ¿qué hace usted?, ¿conoce otro medio?

Basso le contesto:

Hi shin hi butsu, ni mente ni buda.

Significa que comprender la mente misma es buda, es solo un medio: hay que entender no mente, no buda.

 

Es el tercer koan del Mumonkan; la historia continúa con otro discípulo que llega a la escena, Daibai Hojo (752-839, Tamei Fach’ang en chino). Éste había realizado totalmente esta enseñanza de Baso, la mente misma es buda, y tras su satori entró en la montaña profunda, a vivir en una pequeña ermita llamada Hueso de Ciruela, donde hacía samu y mucho zazen. Cuando hacía zazen se colocaba una torre de hierro sobre la cabeza para que la postura fuera siempre recta, exacta.

Un día un monje de la sangha de Baso descubrió la ermita y a su ermitaño, Daibai Hojo, desaparecido desde hacía algunos años. Entonces el joven monje le preguntó:

–¿Por qué has venido a vivir aquí?

Daibai Hojo le contestó que necesitaba la soledad para considerar con lucidez las circunstancias del satori que había alcanzado a oír la frase Soku shin soku butsu, La mente misma es buda. Al oírle, el joven monje comenzó a reir:

–¡Ja, ja, ja! La enseñanza del maestro Baso ya no es esa, ha cambiado. Ahora dice: Hi shin hi butsu, Ni mente ni buda.

Daibai Hojo contesto:

–Yo permanezco fiel a La mente misma es buda; el maestro Baso ha cambiado pero yo no he cambiado.

Cuando bajó de la montaña, el monje acudió presuroso a la habitación del maestro para darle noticias de Daibai Hojo y contarle toda la historia:

–¡Je, je! Se ha quedado totalmente en Soku shin soku butsu.

Baso contestó:

–¡La ciruela está perfectamente madura!.

 

La pregunta del koan es: ¿Qué es la mente? Daibai Hojo descubrió íntimamente la mente que es buda; sin embargo el maestro Daichi nos propone recibir el kyosaku, que nos hace conocer el dolor y el picor, para acabar con todas las consideraciones. No es necesario discutir sobre el sentido del koan. ¿Qué es lo verdadero, La mente misma es buda o Ni mente, ni buda? Al fin y al cabo son sólo palabras y no son completas. Zazen mismo es buda, zazen mismo es la mente. Es la experiencia directa: cuando mente y buda son uno todo se vuelve buda.

Es como la espléndida espada cubierta de polvo, su luz misteriosa se lanza cada noche hacia las estrellas de la Osa Mayor. ¿Qué es la espada espléndida? La mente misma. Cubierta de polvo porque la mente está cubierta por el polvo rojo de la vida social. Sin embargo, incluso cubierta de polvo su luz –la luz de la consciencia Hishiryo– se lanza hacia las estrellas del cosmos.

No es necesario considerar que la mente misma es buda, sino que consideramos la mente como nuestra función vital.

Hablando a este respecto, M me preguntó: Seguir durante años la misma enseñanza ¿no es eso estancarse?. Pero cuando utilizo las palabras estancarse, fijarse, coagularse, están en relación con el pensamiento subjetivo. Intelectualmente comprendemos algo y nos detenemos: ¡Oh, eso es la verdad! ¡No hay otra! En el caso de Daibai Hojo, él realizó totalmente, se despertó con su cuerpo y su mente a esta frase: La mente misma es buda. ¿Qué significa? Que todo es mente, todo es buda. Y por eso Daibai Hojo entró en la montaña y practicó en soledad esta verdad que su cuerpo y su mente habían conocido, no con una comprensión intelectual, sino con una experiencia directa de las palabras del maestro. El estancamiento es un peligro con la práctica de la Vía, si nuestra comprensión se queda demasiado intelectual o demasiado formalista y olvidamos la esencia, olvidamos ku.

Pero este no era el caso de Daibai Hojo; cuando la mente es buda todo es buda, todo es mente. Dogen dice: Za butsu, buda sentado.

***

Quería también hablar del bastón del que habla el Maestro Daichi en su poema 15, el bastón del Despertar: Con la huella de un bastón podemos conocer el dolor y el picor. Es interesante porque es un golpe físico que funciona con el cuerpo y con la mente. Al cuerpo le da energía, de algún modo lo electriza, por eso es importante dar bien el kyosaku, en la parte carnosa de los hombros y no en los omóplatos. En ese lugar se reúnen los meridianos, los caminos energéticos de nuestro cuerpo, como ha estudiado la medicina china. Cada meridiano corresponde a un órgano, entonces damos un impulso, más vitalidad a los órganos –vitalidad en el sentido de quitar los nudos, hacer que la energía circule bien a través del cuerpo. Así que, por el lado físico, un buen golpe de kyosaku reequilibra la energía del cuerpo.

Escuchando el sonido de los kyosakuman puedo saber relativamente bien cómo se ha dado el kyosaku. El kyosakuman debe equilibrar su fuerza: a los hombres grandes, fuertes, y a las mujeres fuertes, se les da fuerte; a las personas más débiles –sin discriminación– menos fuerte.

 

Mentalmente el kyosaku nos enseña a abandonar el ego: ¿Lo pido o no lo pido? ¡Me va a hacer daño! ¡Ese lo da mal, no lo pido!… No hay que hacerse preguntas, si queremos recibirlo, inmediatamente lo pedimos, sin pensar. Si alguna persona recibe un kyosaku mal dado se lo dice al kyosakuman, porque puede ser peligroso si se da mal.

El kyosaku es un anti-coagulante, impide las coagulaciones de la mente. Cuando uno se fija en sus pensamientos, cuando no puede abandonar sus ideas personales, cuando uno sigue sus pensamientos sin parar, (se puede) romper el tráfico mental con el kyosaku: un golpe, un punto exacto aquí y ahora, nos pone de nuevo en el presente.

Durante zazen el kyosaku es una ayuda en la práctica. Si tenemos sueño y los ojos se cierran, lo pedimos: el kyosaku reequilibra nuestra atención

 

Ahora con los malos tratos, con la pasión de los abogados por los litigios, existe toda una corriente en el Zen que poco a poco abandona la práctica del kyosaku. Los que abandonan esta práctica finalmente son los que no la han entendido y ven el kyosaku como algo violento. Pero no hay violencia en un kyosakuman, sino al contrario, compasión –el kyosakuman debe tenerla. Al recibirse el golpe en el hombro, se espira, y en ese mismo momento, el kyosakuman al dar da el golpe espira también. La actitud cuerpo-mente de los dos es igual.

Así que hay toda una corriente de opinión en el sentido de no ver necesario dar el kyosaku, toda una corriente que piensa que el kyosaku es un castigo; no entienden que no es un castigo. No obstante, cuando una persona se equivoca, con su ego, en la práctica o la enseñanza, cuando uno va en contra de la práctica, recibe un rinsaku, que son varios golpes seguidos. Algunos he recibido en mi juventud y también di algunos a mis co-discípulos. El rinsaku da miedo, es el resultado de la equivocación en la práctica de la Vía que da miedo, pero de todas formas ocurre muy poco, los discípulos cada vez son más perfectos.

Tenemos que proteger la práctica del kyosaku. La verdad es que el kyosaku no es un castigo, no es violencia; es una práctica de la compasión en el Zen, de conducir a alguien por la Vía del Despertar, la compasión de ayudar a otro a no perder su tiempo en zazen (la compasión zen es un poco distinta de la compasión budista).

 

Entonces, hablando del koan de Baso Soku shin soku bustu, La mente misma es buda, Daichi empieza el poema con un golpe de kyosaku. No hay que coagularse pensando: ¡Soy buda, soy buda!, ¡Ah, mi mente es la mente de un buda! No es eso. Cuando cuerpo y mente están rechazados, todo abandonado, rechazado, patas arriba, la mente misma es buda, la tierra misma es buda.