LOS POEMAS DE DAICHI: 12. Furaku Fumai – No esconder, no cubrir las huellas

Es interesante la dialéctica de Dogen. Nunca va a decir de algo: «Esto es blanco, esto es negro.» Nunca va a dar el sentido común de la dualidad que tenemos. Tenemos por un lado la forma de expresarse en su época, estilo intelectual que desconocemos, incluidos la mayoría de traductores que viven siete siglos después. Pero por otro lado sus razonamientos, que incluyen existencia y no existencia, entre otros (aspectos), nos conducen más allá de categorías, para que podamos abarcar todos los fenómenos, todos los dharmas. Aceptar. Tal como uno mismo tiene que aceptarse totalmente como es. Y esto es un poco de lo que tratan los dos poemas siguientes de Daichi, el doce y el trece, en relación con la historia del zorro de Hyakujo.

El doce se llama Furaku fumai, No esconder, no cubrir las huellas. Las huellas de las acciones. Aceptar el karma; karma significa acción: Acción del pensamiento, acción del cuerpo y acción de la palabra. Cuando se le preguntaba a mi maestro ¿Cuál es el peor de los tres, el más difícil?, él contestaba: el karma del pensamiento, porque uno está solo consigo mismo con sus pensamientos en su cabeza, y empieza a crear fenómenos y darles vida por interés personal. Para transformar el karma hay que verlo, en intimidad con uno mismo; es la única forma de trascenderlo, abandonarlo. Pero si escondemos siempre lo que somos, profundamente dentro, creamos más ilusiones, más karma.

Furaku fumai: no esconder, no recubrir las huellas.

 

          No antes de Buda, no antes de Hyakujo.

           Hoy debéis encontrar con acierto el alma del zorro.

           Si os escondéis en lugares oscuros,

           Os lo ruego, estudiad profundamente la historia de las quinientas vidas.

 

No es un problema de antes del Buda, no es un problema de antes de Hyakujo; es un problema de aquí y ahora, de nuestra vida. Debemos encontrar donde se aloja la mente del zorro. El zorro se esconde para capturar las gallinas. Se hace casi invisible, esconde sus huellas, esconde su karma. En la China antigua, el zorro también es una representación de un fantasma, de un espíritu perdido.

El término shaku tiene varios significados. Uno es la equivocación, la complicación. Algunos disimulan y se hunden más profundo en las equivocaciones, en el error; al final uno se engaña a si mismo al querer esconder sus acciones, sus huellas. No hay que ocultar la equivocación con otros fenómenos. La Vía no es complicada, el complicado es nuestro karma, que a veces nos hace tropezar.

Entonces shaku significa un error que hace nacer complicaciones. También tiene el sentido de una persona que es capaz de cambiar de actitud según las personas que encuentra. A veces la gente se queda fija en la misma actitud, un mismo personaje. Shaku es ser capaz de cambiar en relación con las distintas personas, la capacidad de transformarse, de adaptarse.

¿Cuál es la historia de las quinientas vidas? Es una historia famosa en el Zen, la de un maestro del pasado que por una respuesta equivocada se transformó en zorro durante quinientas vidas. Pero con motivo de una conferencia el maestro Hyakujo pudo hacer de él un hombre despierto y así acabar con su karma de zorro.

No debemos negar el problema del karma pero tampoco estar demasiado atados o deprimidos por nuestro karma. Antes del Buda, el hombre mayor era maestro de un templo situado en la misma montaña de Hyakujo. La ley kármica le hizo convertirse en zorro, pero después oyó la voz de Hyakujo –furaku fumai, no escondas tus huellas–  y volvió al estado humano. Si uno está en la duda y en la disimulación, escondiendo las huellas del karma, os lo ruego, investigad profundamente esta historia de las quinientas vidas, porque este problema es un problema de aquí y ahora para cada uno de nosotros. Encontrad el alma del zorro que duerme en nosotros, que nos hace escondernos en los lugares oscuros de nuestra mente. Es muy difícil, comprender el karma, aceptar el karma, abandonar el karma, pero tenemos que saber que cualquier cosa que ha pasado, cualquier cosa que sufrimos, cualquier cosa que hacemos, es ku, vacuidad, sin substancia, sin noúmeno. Realizar el ku de la vida acerca la gran liberación.

 

En relación con el karma sensei Deshimaru nos decía que después de la muerte las huellas del karma se quedan. Las huellas de la repetición de las acciones del cuerpo, de la palabra y del pensamiento dejan su influencia después de nuestra muerte. Entonces es muy importante conocerse a uno mismo, ir al fondo de nosotros mismos, que a veces es doloroso. (Los elementos d)el karma no tienen sustancia –hay el karma y hay el no karma– . Si realizamos la vacuidad de nuestro karma aliviamos el sufrimiento. El mundo condicionado (donde tiene lugar) nuestra existencia nos hace pasar a través de diversas circunstancias, para las que no hay una única causa, sino (múltiples) causas, directas e indirectas. Nosotros si no nos damos cuenta repetimos las mismas acciones y clavamos más y más en nosotros ese karma. Zazen entonces puede ser como un espejo: nos vemos. Vemos como repetimos acciones que muchas veces nos alejan de la felicidad. Pero como en un espejo, es sólo un reflejo. El espejo no está tocado por el reflejo. Podemos a partir de este reflejo encontrar la libertad.

En su libro La Voz del Valle, el maestro Deshimaru habla profundamente sobre el karma. Es un kusen que nos dió en la montaña de Val d’Isére durante un campo de verano. Nos habló del karma no manifestado, de las acciones que no hacemos. Las acciones que aunque forman parte de nuestra personalidad decidimos no hacer, no manifestarlas en el mundo concreto. Nos decía que entonces este karma no manifestado desaparece en el momento de la muerte. Muy a menudo se utiliza la palabra karma en el sentido de mal karma: Ah! esa persona tiene un mal karma, o: Tengo un mal karma. Pero no hay que hacer categorías. Bad becomes good, good becomes bad.

Sensei Deshimaru decía también: Zazen corta el karma. La consciencia Hishiryo abandona la dualidad y lo purifica todo. (Hacer zazén) es también una decisión propia frente a nuestro karma. En (lo que respecta a mi propia práctica) las acciones que me la complicaban las veía claramente y a veces las podía rechazar, no repetirlas. Zazen manifiesta un karma bueno; hacer samu y armonizarse con la sangha manifiesta un karma bueno. No hay egoísmo, no es algo solamente para uno mismo –como todo lo que hacemos en la vida ordinaria. Participar en la edificación del templo también es un buen karma porque servirá a las generaciones futuras, no sólo a nosotros. No es como construir una casa familiar, es construir el templo.