LOS POEMAS DE DAICHI: 9. Ganzan Nagura Sonja – El santo Ganzan Nagura.

Es un poema difícil.

Abandonando el fude inconscientemente, hago frente a la bandera que se extiende sobre la montaña alta.

Atrapo rápidamente su ki justo delante de mí.

Ignorando la esquina húmeda de mi kesa,

Intento mirar el agua que salta de la cascada durante todo el día.

 

 Es una imagen del monje que está haciendo un sumi-e, pintura con tinta china, intentando captar su visión del agua de una cascada de la montaña. El fude es el pincel de bambú para la caligrafía. La cascada se parece a una bandera extendida desde lo alto de la montaña.

Atrapo rápidamente su ki justo delante de mí. Aquí el ki no tiene significado de energía, como en el anterior poema sobre Bodhidharma. Aquí es un término relacionado con la mente capaz de responder a un impulso espiritual particular. También significa oportunidad, momento, suerte. Es un momento de encuentro mutuo entre una persona y algo exterior; puede ser un paisaje, como aquí en el poema, o puede ser una persona, o también la búsqueda espiritual: súbitamente entendemos. Hay distintas categorías de ki, que se emplean especialmente en el Zen para designar el estilo de enseñanza de un maestro a sus discípulos.

 

El término Ippo Gujin es una expresión importante en la práctica. Ippo significa un dharma, un fenómeno, una cosa, una brizna de hierba. La oportunidad de un solo dharma, una sola cosa, la oportunidad de una sola acción.

En la práctica, especialmente en la sesshin o en el templo, repetimos muchas veces la misma acción. Al principio es algo exterior a nosotros. Hay como una voluntad que viene de nosotros que, de algún modo, mancha la acción, porque es como una posesión de esa acción y no es algo natural. Con la repetición, la acción se vuelve íntima y también expansiva; sobrepasa su objeto, sobrepasa el actor y llega a la interdependencia de todo.

En el poema aparece el abandono del pincel inconscientemente. Es lo que es dificil con la caligrafia: llega un momento en que hay que abandonar. Llega un momento en que es solo la energía la que escribe, la que pinta. El resultado no es algo razonable, no es algo científico. Es la energía del calígrafo con la letra, el ideograma, la tinta, el pincel, el papel lo que se quiere significar. Hay una totalidad en el gesto y esa totalidad viene de más allá de nuestra conciencia, de nuestra voluntad personal.

Si practicamos exactamente una cosa, podemos practicar todo. La inmovilidad del zazen se extiende a los movimientos de la vida cotidiana. A veces tenemos la experiencia de un problema; aquí hablo de problemas espirituales, no de los problemas del marido, del dinero, del precio del jamón… hablo de los problemas vitales. Cuando practicamos, podemos tener algo que queremos resolver desde hace tiempo. Un pensamiento que permanece más o menos inconsciente, pero que está en nosotros y un día, ese problema puede quedar totalmente resuelto gracias a la oportunidad, a una ocasión. Darse cuenta, realizar, despertarse, abandonar, olvidar.

Nuestro ideal espiritual, este ideal que buscamos desde hace mucho tiempo, puede ser alcanzado un día de esta manera. No depende de nuestro conocimiento, no depende de nuestro estudio, de la ciencia o de la razón. Puede realizarse desde lo más recóndito de nuestra mente.

 

Desde hace dos veranos hago los comentarios de Bussho, la Naturaleza de Buda. Dogen va en todos los sentidos para que no nos equivoquemos, no creemos más ilusiones sobre esta naturaleza de Buda. Entonces, cuando se lee el Shobogenzo parece muy complicado, pero finalmente es exactamente nuestra verdadera naturaleza. Exactamente lo que somos, sin añadir nada, sin quitar nada.

Cuando se mira una cascada de una montaña, a lo lejos parece un trazo. Luego uno se acerca más y se pregunta: ¿De dónde viene esta fuerza, esa potencia del agua que baja de la montaña? ¿Cómo describir, pintar esa fuerza? Ippo Gujin es un poco la diferencia entre un fotógrafo amateur y un gran fotógrafo que sabe atrapar el momento exacto de la acción. Pero en el zen no se trata de hacer fotos, sino de ser totalmente en el momento de la acción. Es un encuentro mutuo con una única cosa, con un solo dharma, que nos da la oportunidad de resolver todos los dharmas, de alcanzar la verdad.

Podéis entender claramente que aquí, con Ippo Gujin, no vale seguir un formalismo; aunque se repita, la acción tiene que ser nueva en cada instante. De instante en instante, de ahora en ahora.