LOS POEMAS DE DAICHI: 47. Shobo in — La ermita del inmenso paisaje

 

En su introducción el maestro Deshimaru nos dice que este poema es de gran calidad literaria, que es el más profundo y elevado de los poemas del maestro Daichi.  Algo de lo que no podemos realmente darnos cuenta tratándose de una traducción del japonés al inglés, luego al francés y ahora al español. Una vez traducidos al francés, un discípulo del maestro Deshimaru que era escritor y poeta los puso en buena literatura francesa. A Kodo Sawaki —nos dice el maestro Deshimaru— este poema le gustaba mucho y lo caligrafiaba a menudo.

 

Cuando el viento del Oeste trae la lluvia, refresca, purifica la atmósfera mientras juega.

La nube aclara el cobre azul y el cosmos está limpio.

Cuando estoy de pie fuera de los nueve paraísos y giro mi cuello,

Mi mirada se levanta. Compite con la claridad de la luna.

 

Shobo in significa contemplar un lugar panorámico. Como cuando salimos de Shorin-ji y desde los caminos podemos ver los valles, la montaña al otro lado de la llanura cultivada, el cielo. A veces hay niebla y entonces el valle parece como un océano con la montaña azul asomando a a lo lejos. Un panorama ancho, ilimitado como puede ser nuestra mente. No hay separación entre la tierra y el cielo o entre la tierra y el mar. Estas miradas nos tocan inconscientemente; naturalmente, automáticamente, nuestra consciencia se vuelve el el cielo y la tierra, ilimitados.

Esto una alegoría de la consciencia hishiryo, es el punto de vista desde zazen: la consciencia que no se encierra en sí misma, sino que está abierta, ancha, inmensa.

El punto de vista a partir de zazen incluye todas las existencias, una de las razones que hacen que zazen se practique en grupo. Invitamos siempre a las demás existencias a nuestra práctica, es difícil comprenderlo, ¡Oh! no voy a practicar para mi carnicero, no voy a practicar para Trump, tienen que hacer zazen ellos. Claro, pero no están en posición kármica para hacerlo; entonces los incluimos a todos sin categorías. En el budismo Mahayana somos bodhisattvas, no nos separamos del resto de las existencias, aunque no siempre estemos de acuerdo con eso.

Algunos piensan: Quiero ser como Bodhidharma, practicar solo en mi cueva. Pero no, Bodhidharma no rechazó las otras existencias. Practicó cuarenta años con su maestro Hannyatara y recibió la transmisión del Dharma. Al morir su maestro se puso a viajar para transmitir; se embarcó en un largo viaje de tres años, con parada en Indonesia, para llegar a China, donde el budismo ya se conocía. Allí, después de un mondo con el emperador Butei se dio cuenta de que no había llegado el momento para transmitir el verdadero Dharma. Entonces se dirigió al templo budista Shaolin y se quedó sentado siete años, viejo, solo, terrible. Pero no huía de otro lugar, establecía la práctica verdadera para encontrar la claridad de la luna en el espíritu mismo. Finalmente llegó Eka, el discípulo verdadero, y comenzó en China la transmisión del Dharma.

Daichi vivió en la isla de Shimabara cerca de Nagasaki, desde donde podía contemplar la inmensidad del océano. Esa ermita también se llama Shugetsu Han. Cuando el viento del oeste trae la lluvia, jugando refresca, purifica la atmósfera. El viento limpia el paisaje. Últimamente aquí en el momento de amanecer o en la puesta del sol, el viento empuja las nubes y el cielo queda extraño, misterioso, impresionante.

 

El viento limpia el paisaje y pequeñas islas aparecen. He viajado por allí, por el mar del Japón y es un paisaje que me tocó mucho, magnífico, impresionante. El famoso poeta Sanyu compuso algunos poemas relacionados con estos paisajes.

¿Es una nube o una montaña?

¿Es la China alejada?

El cielo y la tierra indiscernibles,

Separados solamente por un pelo muy fino.

Otro poeta, Reisanyo, que escribió una historia de Japón, evocaba también estos paisajes en varios de sus poemas. 

Allí donde el cielo y el agua parecen encontrarse hay solo un pelo azul.

Vengo de muy lejos para contemplar este paisaje y esta noche

me quedo en mi barco.

Y este otro poema que evoca la isla de Amakusa:

Humo, bruma, nube, niebla están tumbados sobre el mar y las islas.

La luminosidad es idéntica a la de la luna.

 

Esta consciencia de la naturaleza no entra en distinciones mentales de grande, pequeño, guapo, feo, patético, minúsculo, sino que trae una relación directa con la naturaleza. En zazen la consciencia está aquí, presente, no fuera en otro lugar/en otro tiempo, sino íntima con el viento, los árboles, los pájaros, la tierra, el cielo. No hay lucha, hishiryo, más allá del pensamiento, más allá del no-pensamiento.

La nube aclara el cobre azul y el cosmos está limpio.  A través de las imágenes de naturaleza, Daichi vuelve siempre a la actitud del espíritu durante zazen. El viento de la vida cotidiana lleva el karma al zazen: mi mujer está enfadada, los negocios no funcionan, estoy cansado, se me critica, todo va mal, etcétera. Cada uno de nosotros tiene su entramado kármico que aparece durante zazen, porque la vida cotidiana está hecha de todas estas cosas: feliz, infeliz… yo, yo, yo. Entonces el viento del Oeste se levanta, empujando todos los pensamientos.Cuando estáis concentrados en vuestra postura de zazen, vuestra respiración, el mentón entrado, la columna vertebral recta… la nube que pasa limpia el cobre azul.

¿Qué es el cobre azul? Es el espejo, como el espejo antiguo del Hokyo Zanmai, el Samadhi del Espejo Tesoro. En zazen no se trata de ver las complicaciones, nuestro karma, lo que nos molesta; si hacemos zazen con ese contenido el zazen se vuelve infernal. Hay que encontrar el espejo precioso, el espejo que no está manchado por los movimientos de nuestro karma, ku. Poco a poco uno puede descubrir su rostro original, que no depende ni de bien, ni de mal, que no depende de los puntos de vista. Zazen es así, estar atentos a abandonar los pensamientos, dejarlos pasar; incluso si pensamos en no pensar, lo dejamos pasar también. El espejo se vuelve claro y el cosmos que se refleja está limpio por sí solo. Así seguimos el orden cósmico, sin huir de esto o de aquello. El cosmos nos cuida, zazen nos cuida, no hay que buscar escaparse.

Cuando estoy de pie fuera de los nueve paraísos, cuando incluso la idea de los paraísos ha sido abandonada. En ese momento, fuera del infierno tanto como del paraíso, miramos el vasto panorama desde la consciencia hishiryo, la consciencia profunda. La mirada se levanta y rivaliza con la claridad de la luna. No nos hacemos más preguntas sobre esta luna del satori, estamos a su mismo nivel.

 

Una noche Baso estaba con tres discípulos cercanos: Hyakujo, Nansen y Chizo. Los tres estaban mirando la luna de otoño. Baso preguntó: ¿Qué pensáis de esta noche? 

Chizo contestó:

—Esta noche es ideal para hacer una ceremonia. 

Hyakujo dijo:

—Esta noche es perfecta para hacer zazen. 

Nansen no contestó nada.

Entonces Baso dijo:

—El sutra ya ha penetrado el granero de la sabiduría (es el nombre de Chizo). Luego se ha vuelto de nuevo al océano del Universo.

 

Fukan, esperanza universal, más allá de todas las existencias.