LOS POEMAS DE DAICHI: 31. Kinsho Kegon — El libro de oro del Sutra Kegon.

Nueve por nueve originalmente son ochenta y uno.

Aunque que un chaval de Zenzai buscó la Vía durante sus viajes por el Sur, la vía era abrupta y alejada.

Si entendemos el zen directamente desde la cima de nuestros pelos rasurados

Diez mil piezas de oro desaparecerán.

 

El Sutra Kegon, el libro de oro de Sutra Kegon: oro aquí tiene el sentido de gran valor. La conclusión de este poema es que el Sutra Kegon es serio, bello, maravilloso, pero su valor se desvanece comparado a la simplicidad o la verdad del Zen.

Debemos siempre realizar las enseñanzas del Sutra en nosotros mismos. Un Sutra es un buen instructor, un hilo conductor de nuestra práctica de la Vía.

El Sutra Avatamsaka, o Sutra de la Guirnalda de flores o Sutra Kegon está considerado como la primera enseñanza del Buda después de alcanzar el Despertar perfecto bajo el árbol de la Bodhi. Enuncia las prácticas de un Bodhisattva y desarrolla la doctrina de la totalidad. Totalidad en la que hay identidad e interdependencia en todas las cosas, sin ninguna discriminación entre ellas. Todos los aspectos de las cosas se encuentran en la totalidad y todos los aspectos de las cosas existen en interdependencia. La multiplicidad de las cosas, los dharmas, se encuentran de nuevo en lo uno, en el todo. Nada se puede quitar de la totalidad, tampoco añadir.

También en este Sutra la representación de buda cambia de carácter. Pasa de una persona discreta, un sabio despierto, a una inconcebible realidad cósmica. Esta realidad cósmica se manifiesta en todos los seres, en la naturaleza, en el Universo. Se le representa como un personaje cósmico que expresa, manifiesta la verdad última.

En el Sutra también se desarrolla que a partir del satori experimentado por el Buda, éste puede manifestarse y encontrarse en todos los seres sensibles. Él les ayuda a ir hacia una elevación espiritual más y más profunda, más allá de las metas, más allá del yo, fluidos y siempre en movimiento. Elevación espiritual más y más profunda que nos conduce a la unidad con la realidad. Además, el Sutra utiliza imágenes simbólicas como los budas numerosos como granos de polvo o universos que encajan uno dentro de otro.

 

Cada uno tiene su interpretación de buda. En el zen decimos que zazen es la postura de buda, la mente de buda. Cuando nos sentamos somos buda sentado, cuando hacemos sampai, no lo hacemos delante de una estatua sino delante de todos los budas vivos, zabutsu.

El hombre ordinario con su familia, sus fiestas, su cerveza, sus comilonas, sus deseos, sus celos, su cólera, su ego…, el hombre ordinario desaparece. Esta bolsa de piel que huele mal, nuestro cuerpo, la podemos transformar en cuerpo del Despertar, abandonar nuestra cascara. Buda también es esa energía que nos empuja a practicar la Vía. Nos convertimos en exploradores de la Vía, exploradores de la vida;  a partir de zazen podemos crear una buena interdependencia.

Uno de los aspectos del Sutra es la búsqueda del Despertar y la revelación de que el Despertar está activamente presente en nosotros. Por eso este Sutra es muy íntimo con la práctica del zen, especialmente con el zen de Dogen, en donde la práctica de zazen es satori. No hay un llegar a ser, ya somos, completos. Zazen mismo expresa el Despertar.

Nuestro cuerpo y nuestra mente están totalmente condicionados por nuestra vida ordinaria pasada y presente. Sólo con cambiar la actitud ordinaria de nuestro cuerpo en la actitud noble de zazen este condicionamiento se transforma. Aporta algo nuevo que no es mi ego sino el yo de los budas y los patriarcas, su transmisión sin palabras. En el Sutra no es Buda quien habla sino que son sus grandes discípulos los bodhisattvas que transmiten su enseñanza. El silencio de buda se relaciona con sunnyata, el vacío, ku.

 

Nueve por nueve originalmente son ochenta y uno. Es el número ilimitado, pero también tiene relación con las distintas traducciones que hubo de este sutra. Solo quedó una versión en sánscrito y más adelante lo que se utilizó fueron las traducciones chinas. Una de ellas tiene sesenta capítulos, con Budhabadra de traductor, a principios del siglo cinco; otra, traducida por Shikshananda al final del siglo siete, tiene ochenta capítulos, que es la que, imagino, leía el maestro Daichi; y la tercera, de cuarenta capítulos, fue traducida por Prayna al final del siglo ocho, y es más bien la que se utiliza actualmente para las traducciones inglesas. Ochenta y uno, infinito, sin límites, amplio, cósmico, universal.

 Aunque un chico de Zenzai buscó la Vía viajando por el Sur, la Vía es abrupta y alejada.

Un largo capitulo del Sutra relata la búsqueda de la verdad por parte de Sudhana, el chico de Zenzai. Sudhana, que significa cubierto de riqueza, era el hijo de un comerciante que decidió buscar la verdad. Su viaje iniciático es un ejemplo para quienes quieren entrar, profundizar, practicar y realizar la sabiduría. Al principio es el propio Manjusri, el bodhisattva primero en sabiduría, quien le da los primeros consejos.

Se trata de un relato un poco anticuado si nos remitimos al mundo actual. Cuando se buscaba algo no se podía acudir a internet. Hoy día automáticamente la gente va a buscar a internet. Se busca información intelectual pero muy pocos ponen en práctica lo que buscan. La verdad no se establece con nuestra inteligencia discriminativa sino a través de una relación verdadera. En el zen hablamos de I shin den shin, intimidad de mi mente a tu mente, de mi corazón a tu corazón, directamente. I shin den shin no existe en internet. No es que internet no pertenezca a la totalidad, está totalmente incluido, sino que hay que considerarlo sólo una herramienta; hay que tener cuidado y no extraviarse.

Entonces se dice en el poema que el viaje de Sudhana fue abrupto y alejado, dio un giro de ciento de ochenta grados. En los sutras, en los textos antiguos muy a menudo hay un héroe, un héroe de la Vía. La historia de Sudhana también ha sido reflejada en los registros del templo de Borobodur, donde se pueden seguir sus aventuras espirituales.

El capítulo que relata la búsqueda de Sudhana se llama Gandhavyuha, Entrar en el mundo de la realidad. La experiencias y encuentros que va tener Sudhana van ser todos oportunidades para aprender a conocerse a sí mismo e intentar penetrar la verdadera realidad del mundo, lo cual es todo un programa. El propio Bodhisattva Manjusri es quien va motivar Sudhana para buscar el Despertar. Sudhana le preguntó cómo hacer para alcanzar la sabiduría y ayudar a los demás.

Primero Manjusri aconseja a Sudhana que busque buenos amigos. ¿Qué son buenos amigos? No son amigos de bar o de fiesta, ni tampoco familiares, sino las personas que también están en una búsqueda espiritual, a los que podemos ayudar y que nos pueden ayudar, en una relación mutua; la interdependencia dentro de la sangha crea los buenos amigos de la Vía. También Manjusri le dice que no sea perezoso en su relación con los buenos maestros que encontrará. Incluso si encuentra un buen instructor y está satisfecho, que no pare nunca de buscar, además de seguir siempre las instrucciones del maestro. Encontrar un guía es importante, un guía que puede acompañarnos toda nuestra vida, más allá de la vida y de la muerte.

Primero Manjusri le manda un monje llamado Nube de la virtud, que tiene todo el conocimiento acerca de la práctica de un bodhisattva. Cuando su conocimiento está agotado, dirige a Sudhana hacia otro instructor; ahora bien Sudhana ya está colocado en la Vía porque buscar el Despertar es la indicación de que el Despertar ya está en ese momento activo en uno. Está ahí y siempre ha estado.

En total Sudhana visitará a cincuenta y tres instructores, incluyendo todo tipo de personas y fuera de todo rango o estatus: hombres, mujeres, religiosos, laicos, mendigos, reyes o reinas. Con un pescador Sudhana aprende todo lo relacionado con el mar, con un doctor la compasión ante la enfermedad, con un hombre saludable la frugalidad, con un monje va a aprender a alcanzar la paz con la meditación, con una persona incapacitada aprenderá a tener paciencia, con unos niños aprenderá la simplicidad y la alegría de jugar. Sudhana aprende la armonía haciendo quemar incienso y arreglos florales. En la naturaleza observa las plantas creciendo de nuevo. Al lado de un árbol caído tiene la revelación de la incertidumbre de la vida, de la impermanencia y la renovación. Con el sol cada día, cada noche con las estrellas se beneficia de un renacimiento espiritual.

Cerca ya del desenlace de su peregrinación, Sudhana se encuentra con Maitreya, el Buda del futuro en el budismo. A lo largo de este encuentro descubre la red de Indra, visión holística de la realidad universal. Indra era un antiguo dios del panteón indio, proveedor de las lluvias y tormentas, regente de los cielos y símbolo de fecundidad. Posteriormente su culto perdió importancia frente a Krishna. Sin embargo el budismo hizo de Indra su protector. La red de Indra, (formada por innumerables diamantes, dispuestos como nudos de una red, que emitían una luz preciosa y cada uno reflejaba a los otros) es interesante porque se acerca mucho a la visión de la física cuántica.

El Sutra dice que Sudhana se acercó a la puerta de la maravillosa torre del bodhisattva Maitreya quien, con un chasquido de sus dedos, le abrió la puerta y le permitió entrar. Sudhana entró alegremente e inmediatamente la puerta se cerró tras él. De repente Sudhana se dio cuenta que la torre era inmensamente vasta, como el espacio infinito, y en su interior se veían cientos de miles de torres idénticas a la primera; dentro de cada una de los centenares de miles de torres había otros cientos de miles de torres. Frente a de cada una estaba el bodhisattva Maitreya y al pie de éste estaba Sudhana.

Una totalidad donde la multiplicidad existe en interdependencia, sin carácter propio – la visión de un ser despierto.

La multiplicidad se reencuentra con la unidad, es el mensaje del Sutra Kegon. El maestro Dogen expresa lo mismo en el Genjo Koan en relación con nuestra práctica de la Vía: Encontrar la vía del Buda, practicar la Vía del Buda es conocerse a uno mismo. Conocerse uno mismo es olvidarse de uno mismo. Olvidarse de uno mismo es hacerse uno con todos los dharmas, todas las existencias. Yo despojado del ego, todas las existencias despojadas del ego. Las huellas del satori desaparecidas se quedan por un tiempo largo, muy largo.

 

Sudhana tiene un último encuentro con el Bodhisattva Samantabhadra, el Bodhisattva Bondad Universal, protector de todos los que expanden la Vía del Buda, Fugen en japonés.

Samantabhadra instruye a Sudhana que la sabiduría no es un conocimiento para llenarse de él, la sabiduría se pone en práctica y se comparte por el beneficio de todos los seres vivos. Sólo así la sabiduría existe y sirve. Después Samantabhadra comparte con Sudhana los diez votos que conducen al bodhisattva a la realización de la naturaleza de Buda. Es el significado último de la fe, de la fe que estamos haciendo, practicando, de la fe en los méritos de zazen, de la fe en el kesa, de la fe que nos conduce a preguntarnos como podemos beneficiar a los demás con nuestra propia experiencia espiritual.

El viaje de Sudhana representa la determinación de nuestro propósito, la decisión que no vacila, que es pura y luminosa y no está manchada por las situaciones materiales ordinarias. Una búsqueda personal, abrupta, alejada de todo lo que pensábamos conocer; no una búsqueda de información sino la realización de la verdad que transforma nuestra vida.

Pero el maestro Daichi, más allá del Sutra, vuelve a zazen:

Si entendemos el zen directamente desde la cima de nuestros pelos cortos,

Diez mil piezas de oro desaparecerán.

Incluso el valor del libro de oro desaparece comparado con la simplicidad del zen. En sus comentarios el maestro Deshimaru concluye: zazen es más importante que los sutras, siempre limitados por la consciencia de los hombres. Zazen es la transmisión directa de la doctrina, fuera de los sutras o de libros complicados. Es la cosa esencial, transmitida directamente y simplemente.

Diez mil piezas de oro también nos recuerda el nombre de Sudhana, que significa Cubierto de riqueza. Su nombre comprende la suerte de tener dinero, la suerte del mundo material que puede ayudar a algunos otros, pero si entendemos directamente desde la cima de la cabeza, toda esa suerte material no es más valiosa que realizar la verdad, como hizo el mismo Sudhana.

Cuando practicamos zazen, cuerpo mente en unidad, automáticamente realizamos sin motivos, sin meta personal, la armonía con el poder cósmico fundamental, el poder universal que también somos. Entonces los asuntos económicos se resuelven automáticamente, no es necesario tener mucho. No significa ser pobre, sino aprender a ser frugal y practicar la vía del medio, sin ganancia, sin pérdida.

 

Entonces al final del Avatamsaka Sutra o Kegon Sutra, el Bodhisattva Samantabhadra explica a Sudhana que la sabiduría sólo se desarrolla en tanto que se comparte con las demás existencias; sabiduría que no es individual sino universal. Luego le transmite los diez votos de los bodhisattvas, diez deseos que todos los bodhisattvas quieren que se cumplan para el bien de la humanidad. Los transmito a continuación:

El primero es honrar y respetar a todos los budas.

Todos los budas, los honrados por el mundo, son tan numerosos como los finos granos de polvo existentes en todas las tierras de Buda en las diez direcciones a lo largo de los tres periodos de tiempo, hasta el límite extremo de la frontera del dominio del Dharma y el vacío cósmico. Por causa del poder de la práctica del Bodhisattva tengo una fe profunda en ellos. Exactamente como si estuvieran de pie justo aquí delante de mis ojos les honro constantemente con el karma completamente purificado de mi cuerpo, mis palabras y mi mente. Por todos lados manifiesto cuerpos de transformación en número tan incalculable como los finos granos de polvo en las innumerables tierras de Buda. Cada uno de estos cuerpos rinden homenaje y respeto a budas tan numerosos.

Cuando se agote el dominio del espacio vacío (cuando se llegue al límite del espacio vacío) se agotará mi homenaje y mi respeto, pero como el dominio del espacio vacío es inagotable, mi homenaje y mi respeto nunca tendrán fin. De igual forma cuando los reinos de los seres vivientes, el karma de los seres vivientes y las aflicciones de los seres vivientes se agoten se agotarán mi homenaje y mi respeto. Pero los reinos, el karma y las aflicciones de los seres vivos son inagotables como inagotable es mi homenaje y mi respeto, que continúan de pensamiento en pensamiento sin parar. Mi cuerpo, mi mente y mi boca nunca se cansan de hacer estas cosas.

Los universos de los que habla el Bodhisattva, las tierras de Buda, llamados a veces los mundos doblados, están totalmente en relación con la visión despierta de Sudhana de la red de Indra. A continuación los siguientes votos siguen la misma construcción literaria.

El segundo voto es elogiar a ‘los así venidos”.

En cada fino grano de polvo de todas las tierras en las diez direcciones y a través de los tres periodos de tiempo hasta la frontera exterior del reino del Dharma y de la vacuidad cósmica hay budas tan numerosos como el número de  finos granos de polvo en todos los mundos. Cada uno de estos budas está rodeado de una asamblea de bodhisattvas tan vasta como un océano. Cada uno de mis cuerpos porta una lengua de elocuencia sutil y maravillosa, y cada una manifiesta un inagotable mar de sonidos, que emiten un océano de palabras que todas alaban y glorifican la enormidad de todos los méritos y todas las virtudes de los así llegados.

Cuando la vacuidad cósmica llegue a su confin, cuando los reinos de los seres vivientes terminen, cuando el karma de los seres vivos se agote y cuando las aflicciones de los seres vivientes se agoten, solo entonces se agotarán mis elogios. Pero como el reino del espacio vacío incluyendo las aflicciones de los seres vivos son interminables, igual son mis alabanzas interminables. Continúan de pensamiento en pensamiento sin cesar sin que mi cuerpo, boca y mente se cansen.

El tercer voto es cultivar abundantemente la práctica de hacer ofrendas.

De nuevo en cada fino grano de polvo en todas las tierras de Buda de las diez direcciones y a través de los tres periodos de tiempo hasta la frontera última del dominio del Dharma y el reino de la vacuidad cósmica hay budas tan numerosos como el número de motas de polvo de todos los mundos. Cada uno de estos budas está circundado por una asamblea de bodhisattvas tan enorme como un mar. A cada uno hago ofrendas de maravillosos regalos, ramos de flores, ramos de guirnaldas, deliciosa música celeste, cornucopias divinas, miríadas de vestidos angelicales. Hago quemar todas las variedades del más perfumado incienso y todo tipo de lámparas de los más variados aceites fragantes. Con regalos de esta especie hago ofrendas constantemente.

Querido amigo, de todas las ofrendas, el regalo del Dharma es la ofrenda suprema, es decir la ofrenda de cultivarse según las enseñanzas, la ofrenda de beneficiar a todos los seres vivos, la ofrenda que abraza a todos los seres vivos, la ofrenda de sustituir a los seres vivos para soportar sus dificultades y sufrimientos,  la ofrenda de cultivar unas buenas raíces sin descanso, la ofrenda de no abandonar las tareas de los bodhisattvas y de no abandonar el espíritu del Despertar.

Querido amigo, el inconmensurable mérito y virtud que se obtiene de estas ofrendas materiales no llega a una parte de cien, o a una de mil, o a una de cien mil, etc., cuando lo comparamos con el mérito y la virtud de un solo pensamiento de ofrecer el don del Dharma. Porque los así venidos honran el Dharma. Cultivarse de acuerdo a las enseñanzas hace nacer a todos los budas. Todos los Budas son generados por el Dharma, se han hecho perfectos por el Dharma. Si los bodhisattvas ofrecen el don del Dharma, presentan el don más elevado y noble a los así llegados, los Budas. Cuando el reino de la vacuidad cósmica llegue a su confin, cuando los dominios de los seres vivos se acaben, cuando el karma de los seres vivos se agote y cuando las aflicciones de los seres vivos lleguen a su fin, solo entonces terminarán mis ofrendas. Igual que la vacuidad cósmica y todo lo demás hasta las aflicciones de los seres son inagotables, igual es inagotable mi práctica de ofrecer dones. De pensamiento en pensamiento sin parar, mi cuerpo, boca y mente nunca se cansan de estos actos.

El cuarto voto es reconocer y sobrepasar los obstáculos kármicos.

El bodhisattva ha declarado –esto es lo que se lee en el momento de la ceremonia de ordenación: desde tiempos sin principio durante el pasado he creado un ilimitado e inconmensurable karma nefasto con mi cuerpo, mi boca, y mi mente, a causa de la avidez, la aversión y la estupidez. Si este karma deplorable tuviera substancia y forma, no cabría en todo el espacio vacío del cosmos. Ahora voy a purificar completamente esos tres karmas y delante de las asambleas de todos los Budas y bodhisattvas, a través todo el dominio del dharma, en tierras tan numerosas como los minúsculos granos de polvo, lamento sinceramente mis equivocaciones y hago el voto de no cometerlas más. Permaneceré para siempre cerca de los méritos y las virtudes de los puros preceptos.

Es así que cuando la vacuidad cósmica se agote, los dominios de los seres vivos terminen, el karma de los seres vivos se agote y las aflicciones de los seres vivos lleguen a su fin, solamente entonces acabará mi arrepentimiento. Pero igual que la vacuidad cósmica y lo demás hasta las aflicciones de los seres no tienen fin, tampoco lo tiene mi arrepentimiento y voluntad de reforma. Continúan de pensamiento en pensamiento, sin fin. Mi cuerpo, mi boca y mi mente nunca se fatigan con estos actos.

El quinto voto: alegrarse de todos los méritos y virtudes y secundarlos.

Todos los Budas, los así venidos, tan numerosos como los finos granos de polvo que hay en todas las tierras del Buda en las diez direcciones a través los tres periodos de tiempo, hasta la el borde exterior del dominio del Dharma y del vacío cósmico, desde el momento de su resolución inicial de acceder a toda la sabiduría cultivaron cuidadosamente la acumulación de méritos sin mostrar consideración por su cuerpos y vidas. Lo hicieron a través de kalpas tan numerosos como los finos granos de polvo que existen en indecibles tierras de Buda. Durante cada uno sacrificaron cabeza, ojos, manos y pies tantas veces como finos granos de polvo hay en incalculables tierras de Buda. De esta forma cultivaron todas las difíciles prácticas ascéticas y perfeccionaron las puertas de acceso a los variados paramitas. Estoy completamente en armonía con ellos y me alegro de sus buenas raíces.

Además en lo que se refiere a todos los tipos de seres de los seis estados de existencia y de los cuatro tipos de nacimiento (vientre, huevo, moho y mocos, cuatro formas de existencia, no solo los humanos), me alegro también de sus méritos y sus virtudes, aunque sean tan pequeños como un grano de polvo. Estoy totalmente en armonía con ellos, me alegro y los secundo y es así de forma que incluso cuando la vacuidad cósmica se agote y las aflicciones de los seres vivos se terminen, mi armonía y mi alegría continuarán sin fin, de pensamiento en pensamiento sin cesar, sin cansarse nunca mi cuerpo, boca y mente de estos actos y de esta alegría.

El sexto voto es pedir hacer girar la rueda del Dharma (pedir con diligencia y sinceridad que los Budas enseñen).

El séptimo voto es pedir que los Budas permanezcan en el mundo.

El octavo voto es estudiar siempre con los Budas. Aquí en este voto se hace referencia a los esfuerzos y logros del Buda Vairocana, el Buda solar. Aprender con los Budas, no abandonar el estudio.

El noveno voto es siempre estar en armonía con los seres vivos.

Hay muchos tipos diferentes de seres vivientes, no solo los humanos, a través de las diez direcciones hasta el confín del reino del Dharma y el espacio vacío: los que nacen de huevo, los que nacen de vientre, los que nacen transformacionalmente y también los que viven en y necesitan de la tierra, el agua, el fuego y el aire para su existencia. Hay seres que vien en el espacio y seres que viven en las plantas, en los árboles. Hay muchas especies y razas con cuerpos y apariencias diversas, variados conocimientos y puntos de vista, deseos y acciones, comportamientos, ropas y dietas, incluidos los que viven en diferentes pueblos, ciudades y palacios, así como devas, nagas y dragones. Estaré en armonía con estos muy variados tipos, porporcionando servicios y ofrecimientos, tratándoles con respeto y sirviéndoles igualmente sin diferenciar. Seré un buen médico para los enfermos y los que sufren, conduciré  los que han perdido su camino hacia un buen camino y seré una luz brillante para los que están en una noche oscura, y haré que los pobres y desafortunados encuentren tesoros escondidos. Los bodhisattva benefician a todos los seres vivos de esta forma.

¿Y por qué? Si un bodhisattva se encuentra en armonía con los seres vivos, está en armonía y hace ofrenda a todos los Budas. Si puede honrar y servir a los seres vivos, puede honrar y servir a los así llegados. Cuando lleva felicidad y alegría a los seres vivos, también las lleva a los Budas. Aunque a veces hay sufrimiento, dificultad en zazen, el cuerpo a veces lo rechaza y la mente también, sin embargo la práctica es una práctica alegre. Todos los Budas tienen como sustancia la mente de la gran compasión. Por causa de los seres vivientes pueden desarrollarla. Es de la gran compasión de donde nace el espíritu del Despertar y de su determinación por el Despertar alcanzan el Despertar supremo, perfecto.

Es como el gran rey de los árboles que crece entre las rocas y la arena de un desierto desolado. Cuando sus raíces reciben agua, sus ramas, hojas, flores y frutos todos prosperan. Pasa lo mismo con el árbol-rey de la Bodhi que crece en las tierras desoladas del nacimiento y de la muerte. Todos los seres vivos son sus raíces; todos los Budas y bodhisattvas son sus flores y frutos. Cuando se colma la sed de todos los seres con el agua de la gran compasión, se nutren las flores y los frutos de la sabiduría de los Budas.

Concluye diciendo: Si los Budas y bodhisattvas sacian la sed de los seres vivos con el agua de la gran compasión pueden alcanzan el Despertar, en consecuencia la Bodhi, el Despertar pertenece a los seres vivientes. Sin los seres vivos ningún bodhisattva podría alcanzar el Despertar perfecto y supremo. Cuando la mente es imparcial hacia todos los seres vivientes, uno puede alcanzar la plena y perfecta gran compasión. Usando el duramen de la gran compasión para concordarse con los seres vivientes, uno perfecciona su ofrenda a los Budas.

El décimo voto es transferir todos los méritos y virtudes. No guardar los méritos, las virtudes y la sabiduría de la práctica para uno mismo, ofrecerla a las demás existencias.

Este décimo voto de los bodhisattvas es una de las manifestaciones de mushotoku: practicar sin meta, sin buscar los beneficios personales. Todos los méritos y virtudes desde el primero de los votos hasta el noveno los transfiero universalmente a todos los seres vivientes a lo largo del reino del Dharma y los últimos límites del espacio vacío. Hago el voto que todos los seres vivientes vivan en paz y felices, y que ninguno logre hacer malos actos, sino que perfeccionen pronto el cultivo del buen karma. Voto cerrar la puerta a los malos destinos y abrirla a los buenos caminos para humanos y dioses. Liberaré a todos estos seres y les ayudaré a alcanzar la Bodhi, el Despertar.

El bodhisattva hace así su transferencia- no de dinero, sino de méritos- de esta forma, no para sí mismo sino para las demás existencias. Incluso cuando el vacío cósmico llegue a su fin, los dominios de los seres vivos se agoten y sus aflicciones se extingan, continuaré eternamente transfiriendo todos mis méritos y virtudes sin cesar, pensamiento tras pensamiento, sin que mi cuerpo, mi boca y mi mente se cansen nunca de ello.

 

Estas son las palabras de Samantabhadra. Usadlas como os parezca.