LOS POEMAS DE DAICHI: 50. Mirar las flores en Washio.

 

Un tallo de flor en la cima del monte Reiju,

Su maravillosa silueta sobrepasa en belleza todas las flores.

Gudon distraidamente ha girado ligeramente esta flor.

El viento expande su perfume infinito sobre la confusión y el desorden.

 

La confusión parece no ser algo único de nuestra época. 

Washio, montaña situada en la prefectura de Nara, es un lugar muy famoso por sus cerezos en flor. El nombre Washio significa águila de la montaña, y tiene el mismo significado que el del monte Reiju, águila espiritual, donde el Buda, girando una flor entre sus dedos transmitió el Dharma a Mahakashyapa. 

Aunque el paisaje sea muy lindo y mucha gente vaya visitarlo, para Daichi la flor más preciosa es la que Buda giró entre sus dedos en el momento de la transmisión del Dharma. El maestro Daichi utiliza aquí de nuevo el alias japonés Gudon para designar al Buda, describiéndolo como una silueta. En uno de sus primeros poemas también habla de la silueta que baja de la montaña. 

Silueta indica algo no realmente definido, diferente a como vemos ahora las imágenes del Buda en las estatuas o por internet, por ejemplo. Gudon giró ligeramente la flor y solamente Mahakashyapa, solo uno de entre los miles de presentes, se apercibió de su gesto, entendió más allá de los discursos, y sonrió. Imagino que Mahakashyapa, un asceta terrible, no debía sonreír mucho, pero en ese instante vio, entró en la dimensión del Buda, que también se dio cuenta del espíritu del Despertar de su discípulo. Después le transmitió su kesa y compartió su silla con él, en lo que se considera como la primera transmisión del Dharma. 

Shakyamuni jugó con esa flor, haciéndola girar entre sus dedos distraídamente, pero el viento expande su perfume infinito, el perfume infinito de la transmisión que se derrama sobre la confusión y el desorden. Y la continuidad del Zen sopla inconscientemente en la historia por venir. El Zen se transmite sin la rigidez de otras religiones tradicionales, sino que, como el viento, conserva la libertad y puede expandirse por todas partes, libre, sin huellas.

 

Mi maestro Taisen Deshimaru, aunque nos hablaba a menudo de la transmisión del Dharma, finalmente no transmitió a ningún discípulo porque es cierto que en aquellos tiempos cercanos a su muerte ninguno estábamos preparados para recibir la transmisión. 

El shiho, la transmisión del Dharma, certifica a un discípulo y le da la autoridad para enseñar correctamente la Vía del Despertar del Buda. Entonces viene a continuación la cuestión de que Taisen Deshimaru recibió el shiho formal muchos años después de empezar a enseñar en Francia. Cuando llegó a Francia en el Orient Express a petición de su maestro Kodo Sawaki, sólo traía el kolomo, alguno de los kesa de su maestro, su zafu y su libro de notas, y expandió el perfume infinito en la confusión y el desorden. Este era el caso porque cuando llegó a París en mayo del 68 había bastante desorden. 

Por más que las ceremonias certifiquen, la verdadera certificación es el I shin den shin, como entre Shakyamuni Buda y Mahakashyapa. No significa que el discípulo abandone su espíritu para penetrar en el espíritu del maestro, sino que discípulo y maestro en ese momento se encuentran en el mismo espíritu de buda, Bodaishin. El maestro reconoce el buda del discípulo y el discípulo reconoce el buda del maestro; no hay confusión sino armonía y felicidad mutua. 

Cuando se contempla la misión del maestro Deshimaru y las dificultades que se encuentran para expandir el Zen en el mundo occidental, solo podemos quedar impresionados por la energía que puso, sin haber recibido una transmisión formal, en expandir el perfume infinito de Zen. Ningún otro maestro japonés había entregado su cuerpo, sus huesos y su médula a la expansión del Zen del Buda.

 

Yo digo entonces que la transmisión i shin den shin entre Kodo Sawaki y Taisen Deshimaru es totalmente real y es esta realidad la que nos permite continuar. Debemos   comprenderla y respetarla. Así que si un maestro se muere — yo, por ejemplo, si estoy muriéndome y veo un discípulo— si lo veo real, verdadero, entonces puedo totalmente transmitirle un kesa, un libro de notas, o un rakusu, cualquier cosa mía, y transmitirle mi energía sin necesidad de una gran ceremonia en la habitación profunda. Es totalmente posible, real — el i shin den shin, de buda a buda.