LOS POEMAS DE DAICHI: 23. Genro — La vía profunda o la vía escondida

El Rey de ku en algún lugar cortó todos los sonidos íntimos

Su equivalencia o su condición no se puede buscar de cualquier manera

En el Palacio de Oro la cortina cae y nadie sigue

Al exterior de la cortina violeta de seda ligera, solo brilla la luna clara.

 

Los poemas del maestro Daichi siempre evocan el zazen. Aquí como el Rey de ku, el buda. No el histórico, sino el buda del zazen, sunyata. El buda que hace zazen, el rey que vive en el palacio pero nadie puede verlo, está escondido. 

Ahora los poemas 23, 24 y 25 tienen relación con la enseñanza del maestro Tozan, iniciador de Soto Zen en China y conocido sobre todo por la elaboración de los Go i junto con su discípulo Sosan. Los tres métodos de educación de Tozan son Genro, la vía profunda, escondida; Chodo, la vía del pájaro y Tenshu, tender una mano que ayuda. En su época, el siglo IX, en China había como un mapa de las distintas vías de la iluminación, los distintos sistemas para alcanzarla. Tozan cortó con todo ellos y enseñó estas tres vías como una totalidad en la práctica.

 

Este poema impresionaba mucho al maestro Kodo Sawaki. Es zazen,  el zazen profundo.

El Rey de ku, el rey de la vacuidad. Sino es solo una idea, un concepto; la vacuidad solamente la podemos realizar nosotros mismos. El Rey de Ku en algún lugar cortó todos los sonidos íntimos, de alguna manera cortó todas las relaciones con el mundo exterior, pero estaba todavía en algún lugar, sentado totalmente vivo. El mundo exterior existía tal como es, y el Rey de ku existía tal como es; las influencias del mundo exterior no le hacían levantar interpretaciones de ese mundo. El rey estaba sin ego, y los dharmas, las cosas, las existencias, también estaban sin ego. 

Es como a la frase del Genjokoan de Dogen que dice: Practicar la Vía del Buda es estudiarse a sí mismo. Estudiarse a sí mismo es olvidarse de sí mismo. Sin ego. Olvidarse de sí mismo es hacerse uno con todos los dharmas, todas las existencias, despojados de ego. De nuevo, no lo podemos comprender con el pensamiento, sólo podemos vivirlo, en algún lugar. No es algo que podamos buscar con la determinación. Solamente y totalmente lo podemos vivir. Dogen termina: Las huellas del satori olvidadas permanecen por un tiempo largo, muy largo.

 

Este camino profundo está escondido y cuando comenzamos nuestra vida de práctica no sabemos que existe. Como no tenemos intención de encontrarlo de alguna forma no existe para nosotros y no podemos buscarlo con la voluntad. Este camino profundo no es un camino que permite ir y venir; es así, se produce en algún lugar. Los antiguos lo llamaban el musgo en el palacio de jade.

El Rey, como todos los reyes, está en total posesión de ese lugar. Sin embargo no hay nadie, nadie lo sigue. No hay ego, no hay diferencias.

La vía profunda o la vía escondida no se puede tocar. No es una cuestión de palabras, no tiene un sentido, una explicación. No es algo mental que se pueda atrapar, o tocar, o dejar, o volver a él. Es una condición sentada, establecida aquí y ahora. Es zazen, despojado del cuerpo y de la mente.

Ku, sunyata,  no es una negación de lo que somos; al contrario, debemos aceptar completamente que somos nosotros, somos un yo. Un yo que integra todo lo que ha vivido pero sin ego, sin emoción, sin escapatorias, sin miedo. Que puede totalmente despojarse, abandonarse. Así es que esto no tiene nombre, ni explicación; es lo que está aquí y está vacío, ku, sin.

 

Al exterior de la cortina violeta de seda ligera solo la luna brilla, clara. Son las imágenes de zazen, que podéis entender en vuestra práctica. Es interesante que en los libros de comentarios eruditos sobre el maestro Tozan o su enseñanza, más  allá de los Go i se habla más bien de Chodo, la vía del pájaro, de la libertad, del orden cósmico, y claro que también se habla de Tenshu, la compasión, ayudar a las existencias, pero muy poco de Genro. Creo que es por eso que se le llama la vía escondida, porque los eruditos no la ven. 

Genro es zazen, el origen de las otras vías, de las otras enseñanzas de Tozan. Cuando preparaba el kusen pensé: Oh, primero hablo de Chodo, la vía del pájaro, luego de la vía profunda y luego de Tenshu. Pero el caso es que Daichi lo expresa totalmente con este primer poema relacionado con la vía profunda, escondida. A este respecto, para mí y para otros, imagino, siempre la pregunta es ¿cómo expresarlo? Pero esta vía está más allá de la expresión. Solamente la podemos practicar y realizar, hacernos reyes de ku. Sin duda no se trata de un rey político, sino de uno que está en plena posesión de su dominio, igual que el musgo toma posesión del palacio de jade. 

El rey de ku, el rey de la vacuidad. El rey de Ku, en algún lugar, ha cortado todos los sonidos íntimos. (interiores, personales) Aquí, el maestro Daichi nos muestra zazen como práctica de la conciencia hishiryo, más allá de los pensamientos, pensar sin pensar. Cuerpo y mente son el dominio del rey, en donde está a gusto, totalmente satisfecho. Cuerpo-mente es la (propia) vida. Es difícil y sigue siendo difícil durante muchos años. Y un día encuentras tu verdadero dominio, tu verdadera casa. El cuerpo entonces no pone tantos problemas. Sin embargo, si la mente no está domada, domesticada por el rey, puede seguir muchos años yendo en todas direcciones.

El rey de ku corta los sonidos íntimos. Recibimos siempre las influencias del mundo exterior, que nos hacen reaccionar, nos condicionan, nos llevan a otra parte, fuera del dominio del rey. Entonces volvemos a la concentración en una espiración larga que nace debajo del ombligo y sale empujando con los intestinos. Sale y sale y se vacía. Siguiendo la respiración el cuerpo se tranquiliza, la mente se tranquiliza. Sin embargo no se trata de cortar definitivamente los estados que no nos gustan, la conciencia de zazen no es eso. (Es) vaciarse: somos reyes de ku, la vacuidad. Tampoco hay que guardar algo escondido en uno mismo. Estar enteramente sentados: una totalidad no perfecta es mejor que un pequeño trozo de perfección. 

 

El bien y el mal juegan uno contra otro; no importa. Los dos se desvanecen, desaparecen.