No soy Mickey Mouse

Después del zazen en la cárcel de mujeres de Alcalá Meco, siempre leemos un cuento zen y lo comentamos con las practicantes. Este cuento lo escribió una chica brasileña.

 

Érase una vez, en una granja, con muchos animales, vacas, cerdos, gallinas, caballos, perros, y ¿por qué no? Ratones.
El granjero, un hombre bueno con una familia linda y muchos empleados.
El ratón y su familia vivían cerca de allí. Al anochecer, padre, madre e hijo de ratones se dirigían hacia la cocina donde se alimentaban de restos de comida y de queso que les encantaba.
Un día el granjero se dio cuenta que los ratones estaban a robar comida, entonces compró varias trampas y las colocó en toda la cocina.
El ratón temiendo por su vida, fue hasta el corral donde habló con la gallina:
“Gallina, por favor, ayúdame a desarmar las trampas para poder alimentar a mi familia”
Dijo la gallina: “Ratón si el granjero me pilla fuera de aquí hace conmigo caldo de gallina”
Entonces el ratón fue a pedir ayuda al cerdo.
“Cerdo, amigo, ayúdame a desarmar las trampas que hay en la cocina, por favor, necesito comer”
El cerdo se negó a ayudar por miedo a morir.
El ratón se fue, y mientras caminaba, mantenía la esperanza y creía que todo se puede si se tiene confianza, que siempre hay una solución para todo en la vida si se busca con ganas y amor. Mientras caminaba tuvo una idea, pensó: “¿y si hablo con la vaca que es más fuerte? Ella puede ayudarme.” Y le dijo así el ratón a la vaca:
“Hola vaca linda, tu eres fuerte, las más valiente entre nosotros…”
Pero la vaca interrumpió al ratón:
“¿Qué quieres ratoncito?”
“Quiero que me ayudes a desarmar las trampas, hay muchas en la cocina”
La vaca respondió:
“No puedo salir de aquí, soy muy grande y se notaría mi presencia en la casa. Lo siento amigo, buena suerte”
El ratón salió, un poco triste, pero no quería que sus hijos le vieran, pues notarían que algo malo le pasaba, y él no iba a poner triste a su familia.
De allí se fue a un refugio a pensar y meditar. Tenía necesidad de calmarse y llenarse de fe. Hizo Zazen y esperó en el silencio de la noche, una vez más creyendo que todo se iba a arreglar. Enseguida se puso contento, llenó su espíritu de esperanza, fue hasta su casa y encontró a sus hijos dormidos. Depositó la poca comida que consiguió y dio las gracias por la familia linda que tenía.
En la casa del granjero iba todo bien, hasta que la mujer del granjero al escuchar un ruido en la cocina entró y al caminar pisó en una de las trampas, clavándosela en el píe, sintiendo un gran dolor. Se puso muy enferma, pues la herida se infectó. El granjero llevó a su amada al hospital. Sufrió mucho y paso días lamentándose, esperando su recuperación.
El día que le dieron el alta, su mujer volvió a casa y el granjero se puso contento y feliz. Llamó a una empleada y ordenó:
“Haga una sopa nutritiva para que mi mujer se recupere pronto. Mate una gallina”
“Pobrecita gallina, ¿qué culpa tiene?” pensó el ratoncillo que escuchaba todo,
Y ahí se fue la gallina…
Al día siguiente el hombre miró a la mujer, que ya estaba mucho mejor y dijo:
“Voy a invitar a nuestros amigos y familia, pero voy a tener que matar al cerdo, tendremos muchos invitados y quiero que se lo pasen bien. Eso es un cerdo asado que yo mismo prepararé”
Y ahí se fue el cerdo…
Lo pasaron muy bien, pero el granjero no se quedó satisfecho. Pensando en todos los empleados, los vecinos, y toda la familia quiso dar una gran fiesta en agradecimiento por lo tan contento que estaba.
“Voy a dar una gran fiesta para todos, matad a la vaca. Quiero que todos disfruten, especialmente mi mujer, que está bien y sigue a mi lado”
Y ahí se fue la vaca…
Mientras hablaba con los empleados el ratón se acercó y se puso a escuchar. El hombre dijo:
“De ahora en adelante está prohibido cualquier trampa en esta casa, no quiero poner en peligro a mi familia. En esta granja todos los animales son bienvenidos. Ordeno que los restos de queso que sobran todos los días sean regalados a los ratones. Y que todos los días los seres vivos de esta granja se alimenten bien. No más trampas”
El ratón lo celebró con su familia y dio gracias por todo. Quedaron todos felices.

Quien tiene la mente libre es capaz de desarmar las trampas que surgen en la vida y es capaz de amar y esperar sin miedo o desesperación. Que poco a poco todo cambiará.

Cerli