Keizan Jokin

Keizan Jokin nació en 1264, once años después de la muerte del maestro Dogen (1200-1253). Desde muy joven se dedicó a la vida religiosa y se ordenó monje a los doce años en Eihei-ji. Practicó bajo la dirección del maestro Koun Ejo (1198-1280) -discípulo del gran maestro Dogen y primer sucesor de éste en Eihei-ji-, y más tarde llegó a ser discípulo y heredero del Dharma del maestro Tettsu Gikai (1219-1309) -tercer abad de Eihei-ji y fundador de Daijo-ji-.

A los diecisiete años de edad abandonó Eihei-ji y visitó diferentes maestros para someterse a su magisterio y aprobación. Aunque se interesó especialmente en la meditación zen de la escuela Soto, también estudió con maestros Rinzai, Shingon y Tendai, y parece que los diversos enfoques sirvieron a Keizan para que posteriormente incorporara estas prácticas en sus monasterios.

Fue en Daijo-ji y a la edad de treinta años cuando alcanzó el gran despertar al escuchar a su maestro Gikai pronunciar: “la mente ordinaria es la Vía”. Al año siguiente Gikai le nombró su sucesor en el Dharma. Con el tiempo Keizan también se convertiría en abad de Daijo-ji tras la retirada de su maestro (1303). Bajo la dirección de Keizan, la fama del monasterio llegó a todo el país.

Allí permaneció unos años en los que se dedicó a perfeccionar su práctica del Zen en un entorno rural, compartiendo su enseñanza con la gente común, a la vez que comenzaba a redactar el Denkoroku, su obra literaria más importante.

El mérito de Keizan reside en que logró popularizar el zen Soto entre los laicos al incorporar algunos rituales esotéricos, servicios funerales y otras ceremonias conmemorativas. En aquel entonces la escuela heredera de la enseñanza de Dogen se reducía a una pequeña comunidad con muy pocos templos y monjes, y Keizan, a través de su labor, consiguió que el Zen se expandiera hasta contar con un gran número de templos, monjes y seguidores laicos.

Entre los múltiples templos que Keizan fundó destaca el monasterio de Soji-ji, que sería elevado por el emperador al mismo rango que Eihei-ji.

Un solitario barco cruza las aguas bajo la brillante luz de la luna. Si vuelves tu cabeza no verás cimbrearse los juncos de la orilla que dejaste atrás.

Keizan Jokin, Denkoroku

Por toda esta labor Keizan merece respeto y admiración, evidenciados con el apelativo de «Gran Patriarca» (Taiso) con el que suele denominársele, una relevancia sólo comparable a la del maestro Dogen.

La obra escrita de Keizan incluye un conjunto de reglas monásticas Keizan Shingi; el Zazen Yojinki, una especie de manual para orientar la práctica que sigue el camino del Fukanzazengi de Dogen; el Yokoki, una especie de crónica o diario de su estancia en el monasterio de Yoko-ji; y su obra principal, el Denkoroku o Crónicas de la transmisión de la luz.

Este último texto, a pesar de su importancia y de las variadas copias manuscritas que se han encontrado en los monasterios, ha permanecido casi desconocido hasta su impresión en el siglo XIX.

La obra es una especie de genealogía espiritual del linaje Soto del budismo Zen, desde su fundador, el Buda Sakyamuni, pasando por las ventiocho generaciones en India, veintidós generaciones en China y dos en Japón hasta llegar al maestro Ejo. Todos los capítulos presentan la misma estructura en la que se narra la biografía de un patriarca, especialmente detallada en cuanto a los aspectos relacionados con la iluminación del discípulo y la sucesión en el Dharma.

Se entiende, pues, que la luz a la que se refiere el título es la experiencia del despertar, la iluminación transmitida de corazón a corazón a lo largo de las generaciones.

Los dos grandes discípulos y sucesores de Keizan fueron Gassan Joseki (1275–1365) y Meiho Sotetsu (1277–1350).