Los poemas de Daichi: 4. Butsu Jodo – El Satori de Buda (III)

Bajo sus piernas cruzadas, cada año el junco reverdecía.

Se convirtió en una criatura tan lamentable que todavía no podía vivir su muerte.

Pero cuando sus ojos se pusieron sobre la Osa Mayor

En el bosque de la muerte, las lágrimas y los gritos estridentes de los demonios no se oyeron más.

Este poema trata de las dificultades del Buda para alcanzar la Vía, despertarse. Durante seis años practicó las mortificaciones y se volvió una criatura lamentable, nos dice Daichi. El propio Buda habla en un sutra de cómo era su estado físico, lo cuenta de una forma graciosa y terrible. Pero finalmente así no podía tocar la verdad. Los demonios de los que habla el poema no son los demonios cristianos, sino nuestros propios demonios, nuestros bonnos, nuestras pasiones, que nos atan, nos impiden encontrar una naturaleza auténtica.

El Buda dominó sus demonios, los subyugó, es uno de los ocho eventos de la vida del Buda. Un sutra recoge que el futuro Buda bajaría del cielo Tushita para entrar en el cuerpo de su madre, salir de ese cuerpo, abandonar el hogar, subyugar los demonios, alcanzar la Iluminación, girar la Rueda de la Ley y finalmente entrar en el Parinirvana.

Las mortificaciones hicieron que se volviera una criatura tan lamentable que ni siquiera podía vivir su muerte. Incluso con la práctica de las mortificaciones no pudo desprenderse del cuerpo. El maestro Deshimaru dice en sus comentarios: Morir lo hará indiferente a la muerte. Decía que tenemos que encontrar una actividad vital en la muerte; si no, (mortificarse) es un estilo de suicidio, con nuestra voluntad no es suficiente. Mi madre que está muy mayor, no tiene ningún interés en la vida, pero no puede morir. Morir también es una actividad vital. Es interesante porque vida y muerte las vemos siempre como una contradicción. El tiempo de nacer es solo un instante, el tiempo de morir es solo un instante.

Me acordaba que cuando el maestro Deshimaru hizo sus comentarios de los poemas de Daichi estábamos alrededor de él un grupo de discípulos que teníamos entre veintitrés y veinticinco años, Estábamos en la práctica también para resolver nuestros problemas de la vida. Algunos de ellos, frente a estos problemas, han girado hacia la mortificación, el ascetismo, o han girado hacia el formalismo.

El maestro Deshimaru nos preguntaba: ¿Qué es el satori? y contestaba: no debéis obtener kasu, les res (résidues) del satori del Buda, el papel higiénico, papel de mierda. La res es el depósito que queda en el vino, que no es bueno de tomar. Siempre debemos ir más allá de nuestras ideas sobre Buda, despertar, zazen, el budismo; tenemos que abandonar nuestras categorías y eso a veces duele. No hay que hacerse un espacio confortable con la práctica del Zen ni crear nuestra propia certificación, hay que ser certificados por todas las existencias.

Kasu, la traducción es difícil incluso en japonés; por ejemplo el verdadero espíritu de Cristo no está en la teología, el verdadero espíritu del Buda no está encerrado en los sutras o en el formalismo. Encontrar el espíritu del Buda en los diferentes sutras no es una cosa fácil, y encontrar la verdadera esencia mucho menos aún.

La búsqueda espiritual no debe servir para tapar nuestros problemas porque de esta forma creamos una nueva ilusión con el zazen, con las ceremonias, con los mantras. Zazen es conocimiento de uno mismo; hay que dejar aparecer frente a nosotros las dificultades kármicas que tenemos, resolverlas en zazen. Abandonar los problemas en zazen, no recubrirlos por zazen.

Es muy difícil abandonar todas las ilusiones del ego, de forma que no quede siquiera un polvo kármico íntimo. Luz resplandeciente, todo karma resuelto. El Buda se sentó en zazen durante cuarenta días debajo del árbol Bo. Nosotros nos sentamos cada día o cada semana, juntos practicamos zazen, za butsu, zazen-buda. Un punto en el infinito. Es el mérito de los cuarenta días de zazen del Buda que se extiende hasta nosotros.

Kodo Sawaki decía siempre: lo más importante para un monje Zen es afeitarse la cabeza, vestir el kesa, practicar zazen y kinhin, concentrarse en todas las acciones cada instante de la vida cotidiana con la consciencia hishiryo, y mushotoku, sin meta, inconscientemente, naturalmente, automáticamente. La práctica de zazen misma es satori y el satori no es consciente.

Así, una mañana todos los gritos y todas las lágrimas de los demonios se cambiaron a silencio, levantó los ojos y al ver la estrella de la mañana, alcanzó el satori, Anuttara samyak sambodhi.

A lo largo de sus mortificaciones su estado era sin actividad, mera inercia; después, tras recibir la comida de la joven campesina, entró en el bosque y se sentó bajo el árbol Bo. Como los juncos que reverdecen cada año allí estaban los deseos, las ilusiones, el karma que se repite año tras año. Oía los gritos de los demonios como si el bosque fuera el bosque de la muerte. Primero su consciencia estaba llena de excitación, de duda sin actividad real, ni siquiera en la muerte.

Luego la consciencia del Buda cambió, no había más apego, más lágrimas, los gritos de los demonios callaron; en su lugar estaban los sonidos del bosque, la manifestación de la naturaleza, todo estaba bien, tranquilo. Se liberó completamente de su karma y quedó en paz.