DOTOKU: PODER EXPRESARLO

En el Shobogenzo, el maestro Dogen utiliza la expresión Dotoku: “Ser capaz de expresarlo, ser capaz de expresar la verdad, ser capaz de expresar el silencio”. Hay un pequeño juego de palabras con el sentido de los ideogramas que se utilizan en este vocablo porque, tanto Do como Toku, tienen dos sentidos.
El primer sentido de Do es “hablar” o “expresar algo”, con o sin palabras. El segundo sentido, que es el que conocéis, es “la Vía” –en el sentido de la Vía del Despertar de Buda–, o “la Verdad”, “Bodhi”, “el Despertar” o “el estado de la sabiduría”, que es como un espejo que refleja el mundo, sin conceptos, sin prejuicios, tal como es.
Toku también tiene dos sentidos. El primero es “ser capaz”, “poder”, “ser capaz de hacer algo”. El segundo es “asir”, “tener”, “alcanzar” y, por extensión, “alcanzar la Vía”, “alcanzar el Despertar”, “alcanzar la sabiduría intuitiva, más allá de las palabras”.
En el Shobogenzo, Dogen utiliza estos dos ideogramas, Do y Toku, en el sentido de “expresar la Vía”, “ser capaz de expresar el Despertar con o sin palabras”, “hablar o expresar lo que se ha alcanzado y que está más allá de la expresión común”.

En general, la gente habla mucho. Necesita expresar sus pensamientos, sus consideraciones, su personalidad. Hablan de la crisis, de las películas, del frío, del calor, hablan del jamón y también, a veces, tienen largas consideraciones filosóficas: “Eh, cariño, ¿te enseño el Zen?”. Pero con Zazen es distinto. ¿Cómo hablar de Zazen? Cada uno vive una experiencia individual, personal, diferente. Algunos viven un Zazen infernal, tienen dolores, no llegan a concentrarse y, luego, se establecen un instante en la concentración, sin pensamientos, en unidad con el entorno. Pero como en este instante no se piensa, tampoco se puede expresar. En los Sutra, en los textos antiguos del Budismo, se dice: “Es así”. Zazen no se puede asir y, por lo tanto, es íntimo.
Por otro lado, están los artistas, los pintores, los fotógrafos, los escultores, los escritores, que tienen una idea, una visión y quieren expresar esta visión. A veces, la técnica es suficiente, pero otras veces, no. El corazón de la visión se les escapa. Se acercan, pero no pueden asirlo, porque está aquí, ahí, por todas partes.

Los Buda y los patriarcas budistas son ellos mismos la expresión de la Vía, porque la Vía es su cuerpo y la Vía es su espíritu. Los Buda y patriarcas manifiestan Dotoku, son uno con la Vía, no hay interferencias. En Zazen, tal como sois,”sois Buda y patriarcas budistas en Zazen”.
Dotoku, expresarlo, poder expresarlo, a veces con su boca, pero también con su silencio; a veces con la mente, pero también con el cuerpo.

Dogen dice:

Cuando un patriarca budista decide quién es un patriarca budista (esta decisión es Menju: el encuentro frente a frente) siempre pregunta: `¿Expresas la verdad o no?´ Hace esta pregunta con la mente, hace esta pregunta con el cuerpo, hace esta pregunta con un bastón, hace la pregunta con un Kotsu, hace esta pregunta con los pilares del templo y con las linternas de piedra. Para quien no sea un patriarca budista, la pregunta carece de sentido, y la expresión de la Vía carece de sentido porque el estado de Zazen falta. Una expresión tal de la Vía no se cumple siguiendo a otras personas, y no es una facultad de nuestra propia habilidad o de nuestra propia inteligencia. Simplemente porque hay un patriarca budista que persigue la Vía, hay un patriarca budista que expresa la Vía”.

En el Shobogenzo, cuando el maestro Dogen empieza una enseñanza, un capitulo, introduce siempre el asunto esencial que va a tratar. Aquí Dogen nos va hablar del espíritu de la transmisión de un maestro a un discípulo.
Al final de su vida, Bodhidharma, el vigésimo-octavo patriarca indio de la escuela soto Zen y primer patriarca chino, quiso conocer el estado de realización de sus discípulos cercanos; tenía cuatro. Entonces, les pidió que expresaran su comprensión de la Vía. Después de que hablara el primero, Bodhidharma le dijo: “Tienes mi piel”. Después de que hablara el segundo, Bodhidharma le dijo: “Tienes mi carne”. Después de que hablara el tercero, Bodhidharma le dijo: “Tienes mis huesos”. Llegó el turno de Eka. Eka hizo Sampai (tres prosternaciones) y se quedó de pie. Bodhidharma le dijo: “Tienes mi médula”. En el futuro, Eka se convirtió en el segundo patriarca chino.

Simplemente porque hay un patriarca budista que persigue
la verdad, hay un patriarca budista que expresa la verdad.

Dogen habla mucho de los patriarcas budistas. Patriarca parece una palabra un poco antigua, como los patriarcas de la Biblia. Pero, ¿qué es realmente un patriarca budista? Es alguien que desde el principio de su práctica intuye la Vía, confía en la Vía y pone todos sus esfuerzos en practicarla, transmitirla y difundirla. No es un ser especial, aunque a veces uno tiene la impresión de que debería serlo. Esforzarse es como el Bendo de Bendowa: poner toda su energía en Zazen, en la práctica, practicar con toda su energía. La gente común pone toda su energía en ganar dinero, ser famoso, brillar en la sociedad, formar una familia… El hombre de la Vía pone toda su energía en la práctica.
Entonces, porque hay un patriarca budista que persigue la Vía, que persigue Zazen, hay un Patriarca budista que expresa la Vía. No es una relación de causa y efecto, sino que su práctica, su esfuerzo en la práctica, es la expresión de la Vía. Su expresión de la Vía no es dar largos discursos, conferencias, salir en la televisión, discutir de filosofía; es sólo esforzarse en la práctica. Aquí esforzarse, Bendo, no tiene el sentido de voluntad sino, más bien, de repetición. Esta expresión de la Vía se hace de forma natural; tres años, ocho años, treinta años o cuarenta años de esfuerzo en el que expresa la verdad con toda su energía. Hacer Zazen durante tres años, ocho años, treinta o cuarenta años, día tras día.

No se trata de comprender la verdad sino de experimentarla íntimamente. Mi maestro, el maestro Deshimaru, no era un monje convencional. No había pasado años en monasterios, no había repetido los Sutra como un papagayo, simplemente era un hombre de la Vía, que transmitía y expresaba la Vía. Transmitía la confianza en Zazen, la confianza en algo que no se puede asir, que no se puede comprar, que no se puede amontonar, la confianza en la libertad de un ser humano, la libertad de espíritu. Ahora muchos de sus discípulos se vuelven hacia las ceremonias o se hacen sacerdotes, porque a muchos les falta esta confianza en el Zazen que es Satori, en el hombre que es Buda, confianza en la liberación, sin título.
Sin embargo, la intuición de la verdad se realiza desde el principio de la práctica en el momento presente. Con tres años, ochos años, treinta años, cuarenta años de Zazen, la Vía es expresada y, de forma natural, aquí y ahora, estamos liberados, y liberados de la idea de los años y meses de esfuerzo. Es decir, que el esfuerzo no cuenta, no existe, sólo es la práctica que se realiza como una perla brillante. En este momento, aunque continuamos con la meta de estar liberados, la piel, la carne, los huesos y la médula, todos juntos, igualmente intuyen y confirman la libertad. El país, las montañas, los ríos, la lluvia, las nubes, todos juntos intuyen y confirman la libertad. Entonces, no os creáis presos de vuestro esfuerzo, seguid vuestra intuición natural, intuición de persona de la Vía, intuición de patriarca budista.

Ayer el Shusso discutía sobre el término “exacto”. Decía: “No es la palabra justa”. “Exacto” no es como un reloj, “exacto” en la práctica del Zen es como cuando la campanita toca exactamente en el momento en que el maestro sube el incienso a la frente. Exactamente en este momento, la campanita toca y con este sonido expresa la Vía; casi se vuelve un patriarca budista. Exactamente está en el momento presente, está en unidad con la práctica de su maestro y con su propia práctica. Así es. No es un largo discurso, es exactamente volver al mundo concreto de aquí y ahora. Expresamos la Vía y la practicamos. Ahora, me gustaría exactamente que la lluvia se parara, pero no tengo bastantes poderes mágicos.

Dotoku, poder expresarlo. No se trata de grandes discursos.
Ahora mismo la lluvia da la larga enseñanza de un Sutra. En Zazen podéis oírlo, así el Zazen se hace tranquilo, tranquilo. Existe la expresión de la Vía que va con la escucha de la Vía. Si escucháis sólo el yo que tiene trabajo, que tiene problemas, que tiene familia, que tiene amor, que tiene obstáculos, no podéis recibir el yo que está haciendo Zazen. Con la enseñanza de la lluvia es igual: si no escucháis, no entenderéis su enseñanza.
Así pues, en la práctica de la Vía la exactitud va con la atención, y todo eso forma parte del esfuerzo de perseguir la verdad, de perseguir la Vía de la que habla Dogen: Bendo. En lugar de estar a la escucha del yo que tiene trabajo, que tiene familia, que tiene problemas, que tiene obstáculos, etc., la escucha se pone en el exterior. En un monasterio o en un Dojo, son los sonidos. Para hacer bien un sonido hay que estar atento y escucharlo. Por ejemplo, yo tengo exactamente el sonido de la campanita en mi cabeza, porque es la repetición, año tras año. Primero yo haciendo la campanita para mi maestro y luego haciendo la ceremonia con la campanita. Es eso, la repetición del esfuerzo, Bendo, de que habla Dogen. Si no escucháis, no podréis hacerlo. La campanita es fácil, lo más difícil es la madera o el metal. Ahora se cuentan los golpes, pero no es verdaderamente necesario contarlos; es una insignificancia que he añadido. El principio de la madera o del metal es que simbolizan el tiempo que pasa. Entonces, golpeamos contra la madera o contra el metal con el martillo golpes que se aceleran, como el tiempo que pasa. Al principio se hacen tres golpes y luego tres aceleraciones, y al final de nuevo tres golpes. Antes de tocar un instrumento siempre se hace Gassho. No se hace Gassho como para rezar, sino que se hace Gassho como unidad, unidad con el sonido: el sonido es mi mente, es la expresión de mi mente, somos uno. Exactamente toco la campana, la campanita, la madera, el metal. Entonces, claro, al principio es difícil porque nuestra mente está con el yo que tiene problemas, el yo que trabaja, el yo que tiene familia. Al principio nuestra mente no recibe el yo que está tocando la campanita o la madera o el metal, pero en Zazen encontramos la unidad.
La lluvia es nuestra mente. Es nuestra mente que canta un Sutra sin fin del que ignoramos las palabras, sin palabras pero que puede ser recibido enteramente.

El maestro Joshu, el eterno Buda, un día enseñó a su Sangha:

Si pasas el tiempo una vida sin abandonar el monasterio
sentado en la inmovilidad, durante diez años o cinco años,
sin hablar, nadie te llamará mudo.
Incluso, estarás más allá que los Buda.

Si pasáis cinco años o diez años en un monasterio, con las heladas y las flores que pasan unas tras otras y cuando consagráis el esfuerzo en perseguir la Vía, que es una vida entera sin dejar el monasterio, y la práctica de Zazen en la tranquilidad, todo esto han sido innumerables momentos de expresar la Vía, Dotoku. Andar, sentarse, tumbarse, sin dejar el monasterio, pueden ser innumerables momentos por los que nadie podría llamaros mudos. Aunque no conozcamos de donde viene la vida, si hacemos nuestra vida sin dejar el monasterio, será no abandonar el monasterio. Pero, ¿qué especie de sendero existe en el cielo entre una vida y un monasterio? Sólo lo intuimos y lo confirmamos sentados en la inmovilidad. No odiéis no hablar. No hablar es la expresión de la Vía, directamente de cabo a rabo. Sentarse en la inmovilidad, Zazen- es una vida o dos vidas, no es un periodo o dos periodos de vida. Si experimentáis diez o cinco años de zazen, sin hablar, incluso los Buda no serán capaces de tener una opinión sobre vosotros. Verdaderamente, ni los ojos de los Buda podrán percibir, ni el poder de los Buda podrá influir este Zazen sin habla, porque estaréis más allá de los Buda.

En resumen: el estado de los patriarcas budistas es una vida sin dejar el monasterio. Es decir, la práctica de Zazen continúa y no se obstaculiza la práctica con su propia vida. ¿Cuál es el tiempo de una vida? Nadie lo sabe.
Sin hablar; no se habla y al mismo tiempo se expresa la verdad. Hay gente que habla y que no son distintos de mudos. Por ejemplo, cuando se hacen largos comentarios sobre los Sutra sin decir nada verdaderamente auténtico, verdaderamente vivido, experimentado. Estas personas son como mudos. Y otras veces hay mudos que expresan la verdad. Ahora, vosotros, en Zazen, sin moveros, sentados en la tranquilidad de la mañana de un día de invierno, expresáis la Vía sin separación y vuestras voces mudas pueden ser oídas. El punto es: ¿Cómo conversar con los mudos? ¿Cómo conversar entre mudos?, ¿Cómo un maestro puede reconocer a un discípulo cuando los dos están mudos? La única forma es que aparezca la maravillosa comunicación intuitiva.

En la India había un rey que tenía una única palabra para comunicarse con su servidor. Esta palabra era Sándaba. Cuando tenía sed, el rey decía “Sándaba” y el servidor le traía una jarra de vino. Cuando el rey tenía hambre decía “Sándaba” y el servidor ponía la mesa y platos suculentos para comer. Cuando el rey tenía ganas de salir y de montar a caballo, decía “Sándaba” y el servidor preparaba el caballo. El rey nunca necesitaba largas explicaciones como: “Tú pones velas, estufas y las enciendes”. Siempre había una comunicación intuitiva entre él y su servidor. Sándaba. Y por otro lado, cuando el servidor oía la palabra Sándaba, intuía exactamente que tenía que llevar una jarra de vino o que tenía que preparar el caballo. Nunca entraba con el caballo en el comedor y nunca daba vino en lugar de una comida; Sándaba era claro. Amo y servidor estaban en unidad, en comunicación intuitiva, sin interferencias de tiempo o de fenómenos. Estaban los dos juntos aquí y ahora. Así funciona la maravillosa intuición. Igual que durante Zazen, si lo practicáis, podéis ir más allá de vuestra conciencia personal, individual, que se limita siempre con los obstáculos, los miedos o el orgullo, con el yo que está fuera del lugar y del tiempo.
Bueno, vamos a ver si funciona: ¡Sándaba!
No hay movimiento…

¿Cómo se comunican dos mudos? Hishiryo. Hishiryo es “más allá del pensamiento”, “más allá del pensar”. Hishiryo es la esencia del pensar. Súbitamente un pensamiento aparece, pero no lo seguimos, no lo atrapamos. Súbitamente la postura aparece. Súbitamente la espiración aparece. Súbitamente el yo que practica Zazen aparece.
En China había un viejo maestro que sentía que era el momento de dar la transmisión del Dharma a uno de sus discípulos. Entonces, pidió a su secretario que fuera a buscar a esta persona. El único problema era que el monje era sordo. Entonces, el monje entra en la habitación del maestro, hace Gassho y se sienta enfrente de él. El maestro le dice: “Querido discípulo, hoy estoy seguro y he decidido darte la transmisión del Dharma. Serás mi sucesor”. El monje responde: “¿Eh?”. El maestro repite: “Querido discípulo, hoy quiero hacer de tí mi sucesor y transmitirte el Dharma”. El monje vuelve a contestar: “¿Eh?”. Y el maestro insiste: “Querido discípulo, tú vas a recibir la transmisión del Dharma”. Y el monje: “Ah, querido maestro. No sé cómo darle las gracias. ¿Voy a ser su sucesor?”. Y el maestro dice: “¿Eh?”. Se levanta y sale de la habitación.

Dogen dice:

Se expresa la Vía con la mente, con el cuerpo, con un bastón, con un Kotsu, con los pilares de un templo, con las linternas de piedra.

En la Sangha del maestro Seppo, hubo un monje que se fue a la parte más alejada de la montaña –aquí la montaña significa el templo–. El monje se construyó una choza de hierba y se quedó ahí, alejado de la Sangha. Los años pasaron y no se volvió a cortar ni el pelo ni la barba. ¿Quién puede saber lo que era su vida en la choza? Vivir así en la montaña es muy difícil.
En un cauce profundo detrás de su choza corría un río. Se hizo un cucharón de madera y recogía agua y bebía. Los días y los meses pasaban así y, claro, en la Sangha del maestro Seppo nacieron rumores sobre su estilo de vida. Entonces, un día, un monje fue a cuestionar al maestro de la choza. Y el monje le hizo una pregunta tradicional: “¿Cuál era la intención de Bodhidharma cuando vino del oeste?”. El maestro de la choza contestó: “El cauce es profundo, así el mango del cucharón es largo”. El monje se quedó sorprendido. Sin prosternarse o preguntar más, bajó de la montaña y contó el diálogo al maestro Seppo. Cuando Seppo oyó la historia que contaba el monje dijo: “¡Maravilloso! Incluso así, el viejo monje que soy tiene que ir allí, verlo por sí mismo y comprobar al maestro de la choza. Exactamente en el momento podré asir la situación”. Asir la situación es comprobar el Despertar del discípulo. Las palabras del maestro Seppo significan que la respuesta del maestro de la choza era tan excelente como para ser maravillosa, pero el viejo maestro mismo tenía que ir e investigar por sí mismo. Así, un día, súbitamente, el maestro Seppo se puso en marcha, acompañado por su secretario. Antes de salir le dijo al secretario: “Lleva contigo una maquinilla de afeitar”. El maestro Seppo fue directamente a la choza y, en el momento mismo en que vió al maestro de la choza, le dijo: “Expresa la verdad y no te afeitaré la cabeza”.
Debemos comprender esta demanda del maestro Seppo: “Expresa la verdad y no te afeitaré la cabeza”. Parece decir que no tener la cabeza afeitada significa que se expone la verdad. ¿Qué pensáis? ¿Qué va a decir el monje? ¿Cómo va a contestar esta persona de la Vía? Si contesta verdaderamente con una expresión directa de la verdad, debe irse sin ser afeitado. Por otro lado, ¿cuál era la postura del maestro Seppo con respecto a esta pregunta? Había dicho a su secretario que llevara una maquinilla de afeitar, pero el maestro Seppo era una persona de la Vía, era libre, no tenía prejuicios a propósito de afeitarse o no afeitarse, no estaba atado a la respuesta del maestro de la choza. El maestro Seppo estaba preparado para afeitar la cabeza del maestro de la choza y estaba preparado para no afeitar la cabeza del maestro de la choza. No era una cuestión de ganar o de tener razón sobre una persona de la Vía, era sólo una comprobación personal con otra persona de la Vía.

Dogen dice:

Los que tienen el poder de oír la expresión de la Vía, deben escuchar y proclamar a los demás lo que tienen el poder de oír.

Entonces, el maestro de la choza lavó su cabeza y se puso delante de Seppo. Seppo afeitó la cabeza del monje inmediatamente.
Cuando la Vía se expresa, no hay nada que ganar, nada que perder, todo está cumplido. No hay más combates.

“¿Cuál era la intención de Bodhidharma al venir a China?”. Es una pregunta tradicional del Soto Zen; una pregunta fija, abstracta. El maestro de la choza contestó: “El cauce es profundo, el mango del cucharón es largo”. Contestó exactamente a la pregunta, contestó con el mundo concreto aquí y ahora del descendiente de Bodhidharma que practica Zazen y vive en la montaña. Era totalmente la expresión de la Vía. El viejo maestro Seppo, al oír el relato de estas palabras, se sorprendió con felicidad: “¡Qué maravilla!”. Entonces, cuando encontró al maestro de la choza, el maestro Seppo le dijo: “Si puedes expresarlo” – ya lo había expresado – “no te afeitaré la cabeza”.

Dogen dice:

 Este episodio entre el maestro Seppo y el maestro de la choza es como la aparición en el mundo de la flor de Udumbara.

La flor de Udumbara es una flor que florece sólo una vez en cada Kalpa (en la tradición hinduísta, un período de tiempo extremadamente largo). Se abrió cuando Shakyamuni alcanzó el Despertar. Un episodio así no sólo es difícil de encontrar sino que también puede ser difícil de oír. Los profesores de Sutra, los que son íntimos con los poderes y las apariciones, no pueden ni siquiera imaginarlo. Encontrar la aparición de un Buda en el mundo significa oír una historia así.

¿Cuál podría ser el significado de las palabras del maestro Seppo “si puedes expresarlo, no te afeitaré la cabeza”? Aquellos que todavía no pueden hablar, los que tienen un poco de inteligencia, estarán sorprendidos oyéndolo; los demás se quedarán indiferentes. El maestro Seppo no le pregunta a propósito de Buda, no discute sobre la Vía, no le pregunta a propósito del Samadhi o de los Dharanis. Esto tenía la apariencia de una pregunta pero parece también una afirmación. En realidad, Dotoku se revelaba. Hay que clarificar todo esto en detalle.
En realidad, el maestro de la choza tenía esta inteligencia y permaneció indiferente a Dotoku. Siguiendo el estilo tradicional, se lavó la cabeza y se ofreció. Volviendo con la cabeza lavada, tenía la forma y el carácter de un Buda. Es el ejemplo de los medios hábiles que incluso la sabiduría de un Buda no puede asir. Es conducir a los seres vivientes hacia la otra orilla. Si en este momento Seppo no hubiera sido una persona cumplida, hubiera tirado la maquinilla de afeitar y estallado de risa. Sin embargo, era una persona con toda su fuerza, con todo su poder de persona de la Vía e inmediatamente afeitó la cabeza del monje.

En verdad, si el encuentro entre el maestro Seppo y el maestro de la choza no hubiera sido el encuentro de dos Buda, dos Buda solos junto con todos los Buda, este encuentro, esta historia, no hubiera podido ocurrir. “Tampoco si hubieran sido un Buda y dos Buda”, dice Dogen, es decir, dos Buda, dos personas, dos individuos, momentáneamente en el estado de Buda tampoco esta historia hubiera podido ocurrir. La perla del dragón negro está guardada sin cansancio por el dragón negro, pero rueda de forma natural en las manos de la persona que sabe como acogerla.
Recordemos al maestro Seppo probando al maestro de la choza. El maestro de la choza que ve a Seppo. La expresión de la Vía, la no expresión de la Vía. El maestro de la choza que tiene su cabeza afeitada y el maestro Seppo afeitando la cabeza del monje.

En conclusión, el buen amigo que no podía hablar hizo una visita inesperada. Y entre los amigos que no son capaces de decir cualquier cosa, que simplemente están sentados en Zazen, aunque no esperan un reconocimiento, el sentido ya está presente. Cuando estudian en la práctica el conocimiento de sí mismos, existe la realidad de expresar la Vía, Dotoku.

Cuando expresamos Buda, es que ya hemos encontrado al amigo, al buen amigo. En Zazen, podéis recibir al amigo de Zazen, el que es enteramente Zazen. Por ejemplo, cuando trabajáis es igual: debéis recibir al amigo del trabajo, al que está trabajando enteramente. Cuando hacéis el amor, debéis encontrar totalmente al amigo del amor. Si estáis haciendo el amor pensando en Zazen, no vale, eso está claro para vosotros, tampoco vale hacer Zazen pensando en el amor, y eso no es tan claro. Hacer Zazen pensando en otra cosa, no vale.
Sólo sentarse, sólo estar presente, sólo aquí y ahora recibir el yo que hace Zazen. Cuando estudiáis en la práctica el conocimiento del yo, aparece la realidad de expresar la Vía.

Bárbara Kosen
Shorin-ji, 6, 7 y 8 de diciembre de 2008