Hokyo Zanmai, el Samadhi del Espejo Tesoro (II)

(Sesshin de octubre 2014) Este año, durante el Campo de Verano, empecé a comentar el Hokyo Zanmai, poema que fue escrito por el maestro Tozan, iniciador de la escuela Soto Zen en China. Es importante para vosotros que practicáis zazen lograr intimidad con su enseñanza, aunque sea muy antigua, del siglo IX o X ,… y que ha llegado hasta nosotros.

 

El maestro Dogen dice: «Todas nuestras posesiones, nuestros pensamientos, nuestras opiniones, no son verdaderas. Provienen del karma. Por favor, tomad refugio en los «tres tesoros». Los tres tesoros son: Buda, Dharma y Sangha.

En el último zazen, muy a menudo, nos vamos con el pensamiento, retornamos al mundo social antes de estar ahí. Es el descenso de la montaña, pero todavía un poco más de «aquí y ahora». ¡No os escapéis!

La sangha no es un grupo de amigos, aunque seamos amigos, los más antiguos pueden ser verdaderos guías para los noveles. Es importante que transmitan el verdadero espíritu de la práctica de la Vía. Claro que está bien encontrarse y compartir las historias de la vida propia, pero debéis ir hacia lo alto, como el fuego.

Durante zazen el ego objetivo observa al ego subjetivo, a la persona ordinaria con sus posesiones. El ego objetivo no posee nada, pero puede conduciros a una vida equilibrada y ayudaros a que ayudéis a los demás a través de vuestra tranquilidad, con la paz de la mente. Más allá de vosotros mismos, más allá de vuestro karma personal. En la práctica de la Vía, la perfección no es un camino personal, es el «camino de la perfección», las paramitas, en las que la primera es el don, el dar. Encontramos nuestro verdadero tesoro y lo damos: es inagotable.

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En nuestra escuela la base, el fundamento, es zazen: za «sentarse» y zen «concentrado». En general olvidamos el cuerpo; con la práctica de zazen vamos a despertar la conciencia del cuerpo y a continuación la mente va a seguirla. De esta manera reencontraremos la unidad cuerpo-mente, la totalidad, ser enteros, ser «el ser».

Practicar con el cuerpo es difícil, en general preferimos pensar, considerar, tener nuestros puntos de vista, imaginar, saber. En primer lugar, sentarse y utilizar nuestro cuerpo completamente. La postura transmitida es muy sutil y a su vez muy elaborada, para que el cuerpo se encuentre en un equilibrio perfecto y que, en este equilibrio perfecto, la respiración sea también perfecta. Si estáis demasiado inclinados hacia delante, si estáis torcidos, si estáis inclinados hacia un lado, entonces, automáticamente, la zona del diafragma se bloquea y no podéis respirar profundamente.

En zazen, y en la vida cotidiana, la zona vital de vuestro cuerpo esta sitúada bajo el ombligo, los intestinos, que llamamos vulgarmente en japonés hara, las tripas, y más sutilmente en chino, el kikai tandem «océano de la energía». Durante zazen, la respiración se realiza a través de la nariz, la boca está cerrada. Hinchamos los pulmones inspirando y a continuación espiramos, vaciamos los pulmones, bajando el diafragma, empujando contra los intestinos, hacia esta zona del kikai tandem que está localizada bajo el ombligo. Inspiramos, hinchamos los pulmones y cuando espiramos empujamos contra los intestinos. En el momento de la espiración el vientre está en ligera expansión y podéis sentir el soplido en esta zona que está bajo el ombligo. Este es uno de los puntos de concentración durante zazen: la concentración sobre una espiración profunda.

Porque esta espiración os da estabilidad en vuestra postura y, además, está ligada con la actitud de vuestra mente. Cuando espiráis profundamente, automáticamente los pensamientos se calman, se desvanecen.

En zazen observamos la posición del cuerpo y la actitud de la mente. Transformamos nuestro cuerpo en un santuario para nuestra mente. En este santuario el pensamiento individual es muy ligero, pasa, no tiene verdadera sustancia, es volátil, inconstante, impermanente. Observamos la totalidad de la postura del cuerpo. ¿Cómo estar sentados completamente?

 

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